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Ajustemos el mecanismo de la memoria

De El Heraldo de la Ciencia Cristiana. Publicado en línea - 15 de enero de 2016

Publicado originalmente en el Christian Science Sentinel del 7 de abril de 1973.


Hay muchas cosas que los mortales necesitan recordar, y otras que prefieren olvidar. Si el mecanismo de la memoria parece estar desajustado y un ser humano no puede recordar lo que debería recordar, o si se siente atormentado por la repetición de tristes imágenes de pensamiento de sucesos pasados, esta condición puede sanarse mediante la oración. Hay una ley de Dios que sanará la amnesia, quitará el bloqueo mental y restaurará la memoria, o permitirá que controlemos pensamientos que consideramos que sería mejor olvidar, cualquiera sea el ajuste que un caso parezca necesitar. 

La Mente divina es omnisciente. Esta Mente sostiene a sus propias ideas a salvo dentro de sí misma. Ningún pensamiento verdadero se pierde jamás ni se olvida siquiera temporalmente. La Mente omniactiva, omnipresente y omnipotente es siempre inteligente. Los pensamientos están continuamente desenvolviéndose en esta Mente en una secuencia ordenada. La Mente jamás está ausente, sino que está invariablemente presente, es alerta, fuerte y veraz. Ninguna nebulosidad o languidez oscurece la claridad de la consciencia que la Mente tiene de sus ideas. Las mismas están claramente definidas, cada una de ellas tiene su propio propósito e importancia, están sostenidas en la memoria divina por vínculos indisolubles de amor y vivamente discernidas.

Puesto que el hombre es la manifestación de la Mente inmortal, está dotado con la facultad de una memoria infalible. Esta facultad jamás puede perderse ni volverse poco clara, y nunca está turbada, plagada con recuerdos infelices. Mary Baker Eddy escribe en Ciencia y Salud con la Llave de las Escrituras: “Si el engaño dice: ‘He perdido la memoria’, contradidlo. Ninguna facultad de la Mente se pierde. En la Ciencia, todo el ser es eterno, espiritual, perfecto, armonioso en toda acción” (pág. 407).

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