Skip to main content
Original Web

Para sanar a las multitudes

De El Heraldo de la Ciencia Cristiana. Publicado en línea - 5 de agosto de 2019


Durante una reunión de miembros en una de las iglesias filiales se habló francamente sobre la forma adecuada en que la gente debe sentarse en los servicios religiosos. Algunos sugirieron que los miembros de la iglesia tenían que ocupar los asientos delanteros, de manera de que los que llegaran tarde pudieran sentarse fácilmente.

Uno de los miembros, oró por el tema en su casa, y llegó a la conclusión de que el hecho de que los miembros ocuparan cualquier asiento excluyendo a los demás, no traería armonía.  Si todos los miembros se sentaran adelante, el visitante desconocido podría irse por no sentirse bien recibido. Esto la llevó a pensar que la responsabilidad principal durante los servicios religiosos es dar la bienvenida al forastero con nuestras puertas abiertas de par en par. Cada miembro tiene su propio lugar y parte que cumplir durante el servicio, si deseamos que el hambriento y el sediento no se vayan tan necesitados como cuando llegaron. Si cada miembro supiera que está listo y contento de sentarse donde puede hacer mejor la labor que Dios le ha encomendado, donde podrá responder de la mejor manera a la necesidad que tiene el deber de satisfacer, no habría ninguna confusión, nadie ocuparía por anticipado los asientos más cómodos, sino que cada uno estaría en su lugar correcto, y el confort y el orden abundarían para todos.

 Para demostrar esta idea, ella fue a la iglesia sabiendo que Dios gobernaba y dirigía, y que ningún pensamiento mortal podía impedir que Su guía se manifestara. Se sentó junto a dos visitantes que nunca antes habían asistido a un servicio de la Ciencia Cristiana, y que estaban ansiosos de saber dónde podían conseguir el libro de texto, Ciencia y Salud con la Llave de las Escrituras por la Sra. Eddy. En las semanas siguientes, ella descubrió que cada vez que buscaba la guía de Dios e iba a la iglesia con la intención de dar, se encontraba cerca de alguien que necesitaba ayuda.

Considerar esto aún más la llevó a darse cuenta de que como miembros tenemos la responsabilidad de asistir a la iglesia no tanto para obtener algo, sino para dar. Debemos ir esperando no solo ser alimentados, sino comprendiendo cómo podemos ayudar a otros que nunca han conocido el poder sanador de la Verdad. Debemos llevar con nosotros una consciencia clara de la presencia y el poder del Amor divino, una profunda gratitud por las bendiciones recibidas, un propósito desinteresado, buscando cada uno “su propio bien en el ajeno”, como dice nuestra Guía (Ciencia y Salud, pág. 518). Si vamos con esta intención, ¿es que puede alguien regresar sin ser bendecido?

En una ocasión, la Sra. Eddy le dijo a un estudiante que ella anhelaba que llegara el día en que alguien pudiera entrar en una iglesia de la Ciencia Cristiana, por más enfermo o angustiado que estuviera, sin que fuera sanado, y que ese día solo podía llegar cuando todo miembro de la iglesia estudiara y demostrara la verdad contenida en la Lección-Sermón, y llevara con él al servicio la consciencia así preparada. Si cada miembro llevara consigo el amor desinteresado del que habla nuestra Guía, entonces se diría de nuestras iglesias lo que se dijo del ministerio de Jesús: "Y se extendió su fama por toda Siria; y traían a él todos los que estaban enfermos, afectados con diversas enfermedades y dolores, endemoniados, epilépticos y paralíticos; y él los sanaba” (Mateo 4:24, LBLA).

Sólo por medio del amor desinteresado puede cumplirse la esperanza de nuestra Guía. Cuando el Amor divino llene nuestras iglesias de tal manera que excluya el yo, las multitudes nos apretarán como apretaron a Jesús, y seremos sanados de nuestras angustias y sufrimientos. El cumplimiento de esta visión depende de nosotros como adherentes y exponentes de las enseñanzas de nuestra Guía.

Más artículos en la web

La misión de El Heraldo

La explicación divinamente inspirada de la Sra. Eddy sobre la misión de El Heraldo de la Ciencia Cristiana, fundado en 1903, se ha convertido en símbolo de las actividades del movimiento de la Ciencia Cristiana que abarca al mundo. Las palabras de la Sra. Eddy figuran en la inscripción de la cornisa del edificio de La Sociedad Editora de la Ciencia Cristiana: para proclamar la actividad y disponibilidad universales de la verdad. El Heraldo es una expresión tangible del interés de nuestra Guía en compartir con toda la humanidad el inapreciable conocimiento de la Ciencia de la Vida. La Sra. Eddy comprendió que el Consolador había venido “para la sanidad de las naciones”.

Alfred F. Schneider, El Heraldo de la Ciencia Cristiana, número de mayo de 1974

Saber más acerca de El Heraldo y su misión.