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Para jóvenes

¿Qué significa ser un verdadero hombre?

De El Heraldo de la Ciencia Cristiana. Publicado en línea - 26 de marzo de 2019


P: ¿Qué significa ser un verdadero hombre?

R: Ciertamente parece haber una lista de cosas que hacen a un hombre; desde logros atléticos hasta cuán lejos has llegado sexualmente. Y podría hacerte sentir como que “realmente eres un hombre cuando has hecho X cosa”. En diferentes ocasiones en el pasado me he sentido así.

En el bachillerato, algunos de los entrenadores y compañeros atletas implicaban o decían directamente que las proezas sexuales y los logros en el campo de juego eran aspectos cruciales de la masculinidad. En la universidad, cuando una noche lograba engancharme con alguna chica y, digamos, no pasaba nada, yo terminaba dudando de todo, desde mi potencial como pareja en una relación hasta mi masculinidad. Además, era mentor de un adolescente y me sentía decepcionado de que no parecía hacer ningún progreso con él. No solo estaba fallando en ser un hombre respecto a las formas más comunes en que la gente piensa acerca de la masculinidad, sino que tampoco lograba expresar siquiera las cualidades de un concepto más profundo y espiritual de masculinidad siendo un mentor y un modelo eficaz para este adolescente.

Realmente empecé a dudar de mi valía como persona, ni qué decir como hombre. Esto llegó a su punto crítico una noche después de otra frustrante reunión con el adolescente, cuyas jactanciosas historias de conquistas sexuales destaparon toda la ira y frustración reprimidas que yo tenía adentro. Al manejar de regreso a casa, sin nadie más en la ruta, aceleré el auto y enfilé directo contra un árbol enorme.

Fue entonces que, de repente, un himno que había aprendido en la Escuela Dominical de la Ciencia Cristiana inundó mi pensamiento. El mismo fue escrito por la Fundadora de la Ciencia Cristiana, Mary Baker Eddy, y comienza: 

Oh, bajo Tu ala tutelar
seremos en el bien
alondras que para anidar
la misma rama ven. 
(Himnario de la Ciencia Cristiana, N° 30) 

Todavía recuerdo vivamente la escena: el árbol adelante resplandecía con las luces del auto, y luego, cuando ese himno inundó mi pensamiento como un coro celestial, apreté el freno y el auto se detuvo suavemente en el pasto. La verdad es que ese himno nunca antes me había llamado la atención, pero ahora estaba yo llorando al costado del camino, mientras su letra rondaba en mi cabeza. ¿Es que Dios estaba realmente protegiéndome, y nombrándome como uno de Su preciada prole? Así debía de ser, puesto que me había salvado de mi propia destrucción. Me repuse lo suficiente como para continuar manejando, y regresé al campus a salvo.

Lo que no había mencionado hasta ahora eran todos los maravillosos ejemplos de masculinidad que tenía en ese momento en mi vida: mi padre, algunos entrenadores realmente excelentes, amigos queridos y mi hermano. Todos ellos, al ser ejemplos constantes y atentos de la bondad de la verdadera masculinidad, eran para mí como luces brillantes en el desierto en una noche sin luna, indicándome el camino a casa. El problema era que dudaba mucho de mí mismo, y continuaba pensando en mis fracasos y en los modelos negativos de masculinidad que primero debía superar antes de sentirme verdaderamente satisfecho y comprender cuánto valía.

Pero las palabras salvadoras de ese himno me hicieron comprender que mis “alondras” —y lo que me estaban enseñando sobre lo que realmente significa ser un hombre— estaban conmigo. Y de pronto entendí que la masculinidad no era un destino que había que alcanzar a través de ciertas experiencias. Las cualidades de la verdadera masculinidad, que no tenían nada que ver con las conquistas o los logros, ya estaban dentro de mí, porque Dios las otorga. Son ideas espirituales tales como integridad, generosidad y pureza. Mi hermano, mi padre y los entrenadores las tenían, y yo las tenía porque Dios es también mi Padre amoroso y me da a mí, Su Hijo, todo lo que necesito.

Los meses siguientes fueron un momento decisivo para mí en términos de aprender a mantenerme firme respecto a dónde buscar definiciones de masculinidad. La Sra. Eddy escribió algo realmente útil acerca de esto en Ciencia y Salud con la Llave de las Escrituras: “¿No oyes a toda la humanidad hablar del modelo imperfecto? El mundo lo está manteniendo ante tu vista continuamente…

“Para remediar esto, debemos primero volver nuestra mirada en la dirección correcta, y luego seguir ese camino. Debemos formar modelos perfectos en el pensamiento y mirarlos continuamente, o nunca los tallaremos en vidas grandes y nobles” (pág. 248). Necesitaba comprender que el hombre refleja la bondad de Dios, como Su imagen y semejanza.

Cuanto más mantenía mi mirada en el modelo de masculinidad y excelencia definido por Dios, tanto más hallaba que no me interesaban otros modelos o expectativas. Comencé a expresar más humildad, la cual no es una cualidad que algunos puedan asociar con la masculinidad, pero que yo sentía era indispensable al relacionarme con los demás y amarme a mí mismo. También me sentí más confiado para hacer nuevos amigos, y mi enfoque cambió de qué podía sacar de las relaciones y experiencias, a qué podía dar yo. 

Todavía tenía algunas lecciones que aprender acerca de recurrir solo a Dios para sentirme satisfecho y reconocer mi valía, pero con este fundamento, me sentí eficazmente equipado para enfrentar cada día con un sentido de masculinidad invariable y espiritualizado, y aportar las cualidades de fortaleza, moralidad y amor a todo lo que hacía. También descubrí que cuanto más ponía en práctica estas cualidades, tanto más renovadas y profundas eran, y me capacitaban para ser una mayor bendición en todas mis actividades y relaciones.

En lugar de ser una lista de cosas por lograr, la masculinidad es honrar activamente la excelencia que Dios ya ha creado en nosotros como Sus hijos. Estoy muy agradecido por haber descubierto que este sentido espiritual de masculinidad es una cualidad innata que debe ser revelada y honrada.

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Alfred F. Schneider, El Heraldo de la Ciencia Cristiana, número de mayo de 1974

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