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2026

No importa cuánto tiempo llevemos practicando esta Ciencia del Cristo, todos seguimos siendo estudiantes. Ser “purificado por medio del Cristo” —ser alertados de cualquier cosa basada en el miedo o separada de Dios en nuestro pensamiento— es una forma de despertar espiritualmente.  

Gracias a Dios, y a lo que había aprendido y comprendido de la Ciencia Cristiana, lo único dentro de mi conciencia era lo que el sentido espiritual afirmaba: la realidad eterna de la Mente, Dios. Empecé a verme como una expresión de Dios, reflejando perfección y armonía.

Si alguna vez sientes que tienes una lista interminable de cosas que resolver o por las que orar y te preguntas por dónde comenzar, empieza con Dios. Escucha al Amor divino, y el mensaje sanador del Cristo te liberará.

El único momento en que convertimos, al orar, un sentido de vida no receptivo y basado en la materia (que incluye temor, enfermedad, odio, etc.) en una comprensión espiritual de la Vida (que incluye verdad, salud, amor, etc.) es el único momento en que se produce la curación.

Tras unos días de oración persistente y tratamiento metafísico por parte de un practicista de la Ciencia Cristiana, se me ocurrió empezar un proyecto de exploración espiritual: leería Ciencia y Salud de principio a fin; también leería los cuatro Evangelios para aprender más sobre la vida de Jesús y su práctica de curación espiritual.

Incluso en los momentos en que me sentía más sola, Dios me estaba guiando a cada paso del camino y me dirigía hacia la Ciencia Cristiana para que pudiera experimentar la verdadera curación.

Tras contemplar las promesas de la Biblia y los escritos de la Sra. Eddy, así como estos artículos del Heraldo en línea, comprendí mejor que el Principio divino del reflejo asegura que nuestra riqueza espiritual se encuentre en la Mente ilimitada y permanezca estable.

Oré para ver que no podía ser privado de mi lugar correcto en el universo de Dios. Dios siempre emplea Su creación en la expresión de cualidades divinas, tal como abundancia, inteligencia, ingenio y alegría. De hecho, ese es nuestro propósito mismo: un trabajo que jamás podemos perder.

Dejar de lado el temor y cualquier creencia de que el bien es limitado o está fuera de nuestro alcance nos permite escuchar los pensamientos de Dios que nos guían y nos tranquilizan. Estas ideas son nuestras por derecho de nacimiento como hijos de Dios y abren el camino para que el bien se desenvuelva en nuestra experiencia. 

Ahora sé mucho más claramente que todos somos espirituales, gobernados por Dios, el bien, y que cada uno tiene su propio propósito y camino para cumplirlo.

La misión del Heraldo

 “... para proclamar la actividad y disponibilidad universales de la Verdad...”

                                                                                                          Mary Baker Eddy

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