A medida que nos dedicamos a la sagrada labor de la investigación, la visión, el crecimiento y la práctica espirituales —ya sea que tengamos un empleo, lo busquemos activamente o estemos jubilados— podemos envolver en nuestros pensamientos a todos los que están desempleados, sabiendo que Dios no ve así a nadie.
Un salmista escribió una vez: “De día mandará Jehová su misericordia, y de noche su cántico estará conmigo” (Salmos 42:8). La confianza en Dios como el Amor siempre presente canta a través de los siglos en este himno. Habla a todo el mundo en todas las situaciones.
Mientras reflexionaba sobre esta experiencia, me di cuenta de que había dado un paso claro y natural en la transición de la falsa sensación de ser material y mortal a una comprensión de mí mismo como la creación espiritual, pura y completa de Dios, el Espíritu.
La oración en la Ciencia Cristiana nos ayuda a comprender mejor nuestra verdadera identidad como hijos de Dios, del Espíritu —como totalmente espiritual, no en ni de la materia—.
Inmediatamente, me volví a Dios en oración. Cerré los ojos y comenzaron a fluir las ideas divinas que había aprendido a través de mi estudio de la Ciencia Cristiana: que solo hay un Dios, una Mente, y que Él es omnipresente, omnipotente y omnisciente.
Siempre he sabido que Dios me ama, y confié en que Él estaba conmigo en ese preciso momento. Sabía que la “voz callada y suave” de Dios nos guiaba a mi madre y a mí. Me sentí inspirada a pensar en los Diez Mandamientos y, en ese momento de temor, quise honrar a mi madre escuchándola.
Todos hemos experimentado momentos de atemporalidad. Por ejemplo, puede parecer que el tiempo se detiene al estar ante una cascada o al asimilar mentalmente una nueva verdad espiritual. El reino de la eternidad es un mundo sin comienzos ni terminaciones, principios ni fines. Es un mundo sin límites de ningún tipo.
Mientras estaba allí ese día, la marea dejó a la vista la extensa playa. La paz mental se había instalado, y la gratitud al divino protector me hizo comprender que la victoria es nuestra, al reconocernos a nosotros mismos y a la humanidad como Su manifestación, y nada menos.
En lugar de dejarme llevar por las corrientes mentales de desesperanza, división y animosidad, me mantuve con el Principio divino. Consideré los motivos que podrían haber llevado a los funcionarios municipales al servicio público, como por ejemplo el amor por su comunidad.
Cuando los titulares se intensifican, no tenemos que quedarnos atónitos. Podemos enfrentarlos, mental y espiritualmente arraigados en la omnipotencia de Dios, confiados en la inocencia y buena voluntad de la humanidad, y a la espera de las pruebas del Cristo en acción.