
Relatos de curación
Cuando entré a mi lugar de trabajo y me encontré con mi compañera, sentí un profundo amor por ella. Cuando me vio, me saludó con mucho cariño, y hablamos naturalmente. Esta experiencia me ayudó a entender que jamás había sido herida por nadie.
Sabía que nunca podría ser nada menos que Su reflejo; por lo tanto, jamás podría perder el cuidado o el amor de Dios o tener menos que completa libertad en todos los aspectos de mi vida.
Tenemos un solo cuerpo, una sola identidad, y ese cuerpo está compuesto únicamente de sustancia espiritual, incluyendo la verdadera idea espiritual del corazón.
Recordé una idea que escuché una vez: que nuestros dientes tienen la sustancia del Espíritu y están arraigados en la Verdad y coronados con el Amor. Lo tenía en mente cada vez que me cepillaba los dientes.
Al orar sobre esto, pensé que, puesto que los servicios de nuestra iglesia estaban dedicados a adorar a Dios, era la mano divina la que guiaba el bienestar de nuestra iglesia, incluida la selección de los músicos.
Yo no podía estar allí con ella, ¡pero Dios sí! Y como había aprendido años antes, la oración es eficaz, ya sea que estés a dos metros o a ocho mil kilómetros de distancia.
Sólo Dios tiene vida, verdad, inteligencia y sustancia. Este razonamiento me llevó a la conclusión: “No consideres la materia como tu dios”. Sentí mucha alegría al comprender estos pasajes después de leerlos y repetirlos tantas veces antes.
A medida que la situación avanzaba, continuaba elevando mi pensamiento a Dios en constante oración. Él me había respondido en todas las demás ocasiones, y yo sabía que siempre estaba presente, y podía confiar en que en Su reino no había conflictos ni culpables.
Al leer otros artículos en el Journal de mayo, me di cuenta de que había estado obsesionado con el problema de mi espalda y los posibles remedios físicos. Cada artículo me daba puntos de vista más profundos sobre cómo podía verme a mí mismo con claridad, completamente espiritual y de ninguna manera material.
Tous les besoins humains sont comblés lorsque nous accueillons le Christ, la Vérité, dans notre pensée, au lieu de chercher à résoudre les difficultés par d’autres moyens.