Al hacer un inventario de las bendiciones que he recibido gracias al estudio de la Christian Science, encuentro que han aumentando y se han multiplicado repetidamente durante los últimos veintisiete años. Ya no puedo seguir en silencio, sino que debo atestiguar, aunque sea en parte, cuán grandes cosas ha hecho Dios por nosotros, y expresar mi profunda y sincera gratitud.
Mediante la lectura del libro de texto de la Christian Science, Ciencia y Salud, en actitud de oración, sané de tuberculosis en su última etapa después de habérseme diagnosticado que viviría breve tiempo.
Mi hermano fué el primero, en la familia, que experimentó el poder curativo de la Verdad y del Amor. Se hallaba gravemente enfermo de un envenenamiento de la sangre y ya se había fijado la fecha en que iban a amputarle su pierna. Un vecino le trajo un ejemplar del libro de texto, que él se puso a leer toda la tarde. Tan absorbido estaba en la lectura que inadvertidamente se levantó y anduvo hasta otra parte de la casa antes de darse cuenta que estaba de pie sobre la pierna que los doctores habían decidido pocas horas antes iban a amputarle. Al cerrar la noche, la palidez y la hinchazón habían desaparecido. Estaba curado, y él lo sabía.
Por más de dieciocho años todos los miembros de la familia juzgábamos a nuestra madre de edad muy avanzada. Estaba tullida por el reumatismo y la neuritis y teníamos que subirla y bajarla por las escaleras, que peinarla y otras muchas cosas que ella no podía hacer por sí misma. A la sazón tuve el gran privilegio de recibir instrucción facultativa de la Christian Science, y al salir de la clase oré yo por ella según nos enseña esta Ciencia. Al llegar a casa ella me encontró en la puerta, y levantando en alto su mano por sobre la cabeza, cosa que no podía hacer por años, me dijo: “Me ha pasado algo maravilloso.” Su rostro mostraba que le había ocurrido un gran despertamiento. Esa misma tarde escuché que alguien subía corriendo por la escalera, y suponiendo que era uno de los niños, voltée a preguntarle qué hacía en la casa a esa hora de escuela; pero encontré que era mi madre, parada entonces en la puerta, con sus mejillas sonrosadas, sus ojos vivaces y brillantes. Toda señal de decrepitud había desaparecido. Con gran alegría exclamó: “¡Oh, he nacido de nuevo!” Lo cual ha resultado cierto, pues hoy bien más allá de los setenta años que son el límite convencional, ella manifiesta la viveza y actividad de quien fuera muchos años más joven.
Un relato de todas nuestras bendiciones en verdad que llenaría todo un volumen grande. ¿Cómo puede uno expresar adecuadamente su gratitud por tan rico manantial de bendiciones sino con su invariable devoción a la Causa de nuestra amada Guía, Mrs. Eddy, que las hizo posibles?
Cada vez que la senda parece obscura y solitaria, el camino áspero y escabroso, con el cansancio y el desaliento prestos a acechar, no necesito más que volver mis pensamientos hacia Dios con sincera gratitud por el amor y los años de labor desinteresada y con sacrificios de nuestra amada Guía, para que se renueve la luz y la inspiración.— Camp Hill, Pensilvania, E.U.A.
Quiero corroborar el testimonio de mi hija y expresar mi sincera gratitud por la Christian Science y su Descubridora y Fundadora, Mary Baker Eddy.
Hace muchos años sané, leyendo Ciencia y Salud, de una enfermedad que los doctores diagnosticaron como cáncer en el estómago. Más recientemente desperté a media noche sintiendo que me moría. Así se lo indiqué a un miembro de la familia a quien desperté, y su respuesta me despertó de ese otro sueño de los sentidos. Increpó el error y declaró la inmortalidad de al Vida. En seguida volví a dormirme y en al mañana desperté completamente sana.
Yo agradezco las Iglesias Científicas de Cristo, las publicaciones, los practicistas y profesores, y los otros muchos medios por los cuales Dios dispensa el bien hoy a Sus hijos.
