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Neguemos por completo la materia

Del número de abril de 1983 de El Heraldo de la Ciencia Cristiana


Una cosa es decir que la materia es irreal y que siga su curso, y otra muy distinta es decir que la materia es irreal y que, por lo tanto, no tiene realmente curso que seguir. El primer enfoque se dirige a todos los problemas aún no resueltos en el mundo y dice: “Eso es sólo materia. La materia es irreal. Algún día, cuando todos perciban la verdad, desaparecerá”. El segundo enfoque rehusa aceptar que pueda haber algo presente que no sea la perfección espiritual, descartando por completo la materia con sus problemas.

¿Qué utilidad práctica tiene el negar la materia de un modo tan rotundo? Solamente ésta: por más de cien años los Científicos Cristianos han demostrado que esta negación — que se basa en el reconocimiento inspirado de que Dios, o el Espíritu, es Todo, y que es concomitante a este conocimiento — ha dado evidencia de que es correcta, pues disminuye la intensidad de la creencia en la materia. A este hecho lo llamamos curación. La palabra “curación” es sólo una palabra: una palabra que expresa mejor lo que realmente ocurre. De hecho no se trata de materia enferma que se vuelve sana. No hay materia. La creencia en la materia ha disminuido porque la consciencia de la realidad del Espíritu ha aumentado en gran medida. Considerar una dificultad bajo este enfoque, es quitarle el poder desde sus comienzos. Entonces, sin apasionamiento y con calma, la verdad específica necesaria para contrarrestar esa dificultad puede ser reconocida como la única realidad en el punto mismo donde se creyó que había un problema.

Afirmar valientemente que no hay materia y luego luchar para imponernos alguna verdad en la consciencia, es una cosa. Pero otra muy diferente es actuar partiendo de la convicción de que debido a que el Espíritu es Todo, no es posible que haya una inteligencia menor que tenga que luchar. “Todo” es una palabra que abarca mucho. No deja ningún rincón, en ninguna parte, para ninguna otra cosa. Ni siquiera el lugar más microscópico del universo está excluido de la palabra “todo”. “¿A dónde me iré de tu Espíritu? ¿A dónde huiré de tu presencia?” dice el Salmista. Si estuviere en el cielo o en el infierno o en “el extremo del mar, aun allí me guiará tu mano, y me asirá tu diestra”. Salmo 139:7, 9, 10. Debido a esta totalidad lo único que existe es en realidad la evidencia del Espíritu. El hombre y el universo son la evidencia del Espíritu. La materia no es jamás la evidencia del hombre. No hay materia.

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