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Una pregunta asombrosa me llamó la atención en Escritos Misceláneos...

Del número de abril de 1983 de El Heraldo de la Ciencia Cristiana


Una pregunta asombrosa me llamó la atención en Escritos Misceláneos por la Sra. Eddy, poco tiempo después de haber empezado a estudiar la Ciencia Cristiana hace muchos años. Ésta es (pág. 52): “Si esta vida es un sueño que no se desvanece, sino que sólo cambia, con la muerte — si uno se cansa de vivir, ¿por qué no suicidarse?” Y suicidarme era lo que yo había estado pensando hacer para resolver todos los problemas que en ese tiempo me parecían tan reales, incluso el uso excesivo del alcohol. A principios de la Segunda Guerra Mundial, yo había razonado que servir en las fuerzas armadas me ayudaría a corregir el hábito de beber que había adquirido desde hacía algunos años. Pero muy pronto me dí cuenta de que, en vez de curar el hábito de la bebida, el estar en el ejército tendía a contribuir a una mayor complacencia en ello.

Estudié varios pasajes en los escritos de la Sra. Eddy sobre el tema del suicidio. Sin embargo, una oración en particular de la contestación que ella da a la pregunta antes mencionada adquirió importancia para mí. Ella escribe (Esc. Misc., pág. 53): “Suicidarse para evadir el problema no es solucionarlo”. Vi entonces que, en vez de solucionar mi problema, evadir la cuestión, de hecho, lo agravaría. También me dí cuenta de que sabía muy poco de Dios, la Vida, y de Su eternidad. Mientras estudiaba, había notado la frecuencia con que la Sra. Eddy usaba la frase “aquí o en el más allá” en sus escritos. Ahora vi que el tiempo y el método adecuados para solucionar el problema tenían que trabajarse desde el punto de vista de la Vida, no la muerte, porque la Vida estaba aquí, no solamente más allá. Sabiendo que el suicidio no era ya una solución, sentí una fuerza en la cual no me había inspirado anteriormente; y por medio del estudio y de la oración me liberé rápida y permanentemente del deseo del alcohol, así como del tabaco. También me abandonaron los impulsos de suicidarme.

Durante los muchos años que han pasado desde esta curación, he recibido grandes bendiciones. Mi familia y yo hemos tenido innumerables oportunidades para probar la utilidad práctica de la Ciencia Cristiana.

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