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Pagando lo que nos debemos a nosotros y a los demás

Del número de marzo de 1984 de El Heraldo de la Ciencia Cristiana


Si Nehemías no hubiera dejado la relativa seguridad que le ofrecía el palacio real en Susa, probablemente Sanbalat y Tobías no habrían sabido que él existía. Pero como respondió al llamado de Dios para reedificar los muros de Jerusalén, esto provocó la furia de ellos, una furia tan intensa que, en cierto momento, Nehemías exclamó: “Oye, oh Dios nuestro, que somos objeto de su menosprecio”.

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Mary Baker Eddy, La Primera Iglesia de Cristo, Científico, y Miscelánea, pág. 353

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