Aunque se la quiera deificar,
la materia no puede gratificar.
Mas el Espíritu, glorificado,
revela al hombre, saciado.
Del número de septiembre de 1986 de El Heraldo de la Ciencia Cristiana
Aunque se la quiera deificar,
la materia no puede gratificar.
Mas el Espíritu, glorificado,
revela al hombre, saciado.