“¿Qué tiene que ver el amor con esto?”,1 pregunta una reciente canción popular. Y otra, que tiene algunos años, dice: “Ando buscando una mujer obstinada”.2 En cierto modo, ambas canciones se refieren a la misma pregunta que muchas personas tratan de contestar: ¿Qué es lo que busco en una relación?
Muchacha conoce a muchacho, muchacho conoce a muchacha, o tal vez, sólo les gustaría poder llegar a conocerse. Pero entonces, ¿qué? Tiene que haber algo más en las relaciones que el mero encuentro de una noche, de una experiencia sexual, o de una relación duradera en la que dos seres solteros conviven “sin ataduras”. Tales situaciones resultan dolorosas cuando llegan a su fin.
Los diferentes medios de comunicación afirman que estamos retornando a los valores tradicionales; que hay más gente que desea casarse, pertenecer a una iglesia, asentarse y tener una familia. Si es esto lo que sentimos, ¿nos está simplemente empujando el balanceo del péndulo? ¿Estamos reaccionando bajo los efectos de la década del sesenta o del setenta, que, a su vez, reaccionaban a la década del cincuenta, y así por el estilo?