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Desierto

Del número de julio de 1987 de El Heraldo de la Ciencia Cristiana


Los hijos de Israel, enceguecidos por el temor rehusaron aceptar que su Canaán cercana estaba, y así peregrinaron año tras año, como banda indecisa, a la deriva, porque no quisieron escuchar el informe de Caleb sobre la leche y la miel, prefiriendo creer que los gigantes de Anac regían en su Tierra Prometida. ¿No estaré también yo enceguecida por los asaltos del temor mortal, tan gigantescos como los hijos de Anac? Que acepte yo, en vez, la leche y la miel de la amplitud y cuidado de Dios, y que despierte a la tierra prometida, la que, en verdad, ¡siempre estuvo allí! Dorothy C.

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Mary Baker Eddy, La Primera Iglesia de Cristo, Científico, y Miscelánea, pág. 353

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