Deseo compartir el siguiente testimonio como prueba de que las verdades enseñadas por la Ciencia Cristiana, sobre la naturaleza espiritual de Dios y del hombre, traen como resultado maravillosas curaciones.
Durante muchos años intenté corregir, sin ningún éxito, por medio de dieta y ejercicios, un problema de apetito descontrolado y peso excesivo. Al darme cuenta de que la dieta y el programa de ejercicios no estaban solucionando el problema, decidí que solamente mediante una total confianza en Dios podría encontrar curación permanente. Llamé a un practicista de la Ciencia Cristiana para que me ayudara por medio de la oración, y la curación no se hizo esperar.
El practicista y yo hablamos acerca de una declaración sobre humildad que hace la Sra. Eddy en Escritos Misceláneos (pág. 1): ''La consciencia, al elevarse, acumula renovadas formas y un singular fuego de las cenizas del yo que se va desvaneciendo, y renuncia al mundo''. Una forma renovada era lo que yo había estado deseando, pero tenía que aprender que esta nueva forma no podía encontrarse en un físico más perfecto, sino, más bien, en una comprensión espiritual más correcta de mí mismo. Había estado concentrando todos mis esfuerzos en mi apariencia externa más que en mi pensamiento, que era el que, en realidad, requería mi atención.
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