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Cada Vez Que abro un ejemplar...

Del número de octubre de 1992 de El Heraldo de la Ciencia Cristiana


Cada Vez Que abro un ejemplar de las publicaciones periódicas de la Ciencia Cristiana, siento una especial gratitud por todos los que han presentado un testimonio de curación. Esto quiere decir que él o ella ha amado lo suficiente para hacer el esfuerzo de contribuir. Quiero, por fin, agregar unas cuantas experiencias de curación a la lista.

De niña padecí de tantas dolencias, incluso problemas reumáticos del corazón, que los doctores recomendaron que me quedara en casa y tuviera un profesor particular. Sin embargo, mi abuela había comenzado a estudiar la Ciencia Cristiana recientemente, así que mi madre me inscribió en una Escuela Dominical de la Ciencia Cristiana. Mi salud mejoró a medida que aprendimos a aplicar esta Ciencia sanadora y yo continué disfrutando de una educación completa y terminé varias carreras.

Muchas dificultades físicas se han superado mediante la oración, incluso el problema del corazón, hemorragias que seguían por varias semanas, dolores de cabeza fuertes, deficiencia de color normal y circulación en mis pies, gripes y erupciones de la piel.

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