“El Casado Casa quiere” es un refrán muy usado en mi país para los que se casan. Lo que ilustra universalmente es que todos anhelamos tener un hogar.
Nuestra familia no fue diferente en este sentido. Nuestro pequeño apartamento ya no resultaba adecuado para nuestra familia en crecimiento, y no había sitio para que los niños jugaran. Queríamos mucho tener nuestro propio lugar, uno que pudiéramos comprar, pero esto sencillamente parecía imposible. Teníamos mucho temor y poco dinero. Ni siquiera calificábamos para los programas de adquisición de casas auspiciados por el gobierno.
Sin embargo, como estudiante de la Ciencia Cristiana con frecuencia me volvía a Dios en busca de curación mediante lo que aprendía de Su omnipresencia y de Su ley divina. Había empezado a comprender que Dios es un Padre amoroso que cuida perfectamente de Su creación espiritual. Muchas veces ésta comprensión espiritual más profunda había traído curación.
Iniciar sesión para ver esta página
Para tener acceso total a los Heraldos, active una cuenta usando su suscripción impresa del Heraldo ¡o suscríbase hoy a JSH-Online!