En Mi Juventud hice una excursión bastante larga por un terreno montañoso. Tenía que recorrer grandes distancias de una posada a otra. Una noche me sentía exhausto, pero quería completar mi jornada a una hora determinada. Se me presentó la oportunidad de viajar con un motociclista que me llevaría parte del camino. Sufrimos un accidente y fui expulsado del asiento trasero de la motocicleta. Me llevaron a un hospital en donde me diagnosticaron que tenía fracturada la pelvis.
Como conocía la Ciencia Cristiana desde los catorce años, me dirigí en oración a Dios en busca de ayuda. Sentí con claridad que el hombre habita eternamente en la presencia de Dios, y bajo Su guía, y que yo, por ser Su amado hijo, no podía en realidad sufrir ningún daño. Con esta oración desapareció todo dolor y me sentí perfectamente bien. Tenía conmigo una edición de bolsillo de la Biblia y de Ciencia y Salud por la Sra. Eddy. El estudio de estos dos libros me ayudó a comprender mejor mi relación con Dios. También tenía el Cuaderno Trimestral de la Ciencia Cristiana y estudié la Lección Bíblica de esa semana.
El médico me dijo que debía permanecer acostado, quieto, por lo menos seis semanas para que la fractura sanara, pero a las dos semanas cedió a mi insistencia y me permitió que tratara de ponerme de pie, pero me dijo: “Te acuestas de nuevo inmediatamente”. Sin embargo, yo me sentía bien y pude moverme libremente. Tres meses después estaba trabajando duramente en una cantera sin ninguna dificultad, lo cual confirmó mi curación completa.