Un día mi mamá vino a recogerme a la casa de un amigo. Cuando íbamos caminando hacia nuestra casa, ella me dijo que no se sentía bien. Tan pronto como llegamos, mi mamá se recostó en el sofá. Mi hermanita Ana y yo teníamos hambre y mi mamá me pidió que buscara algo de comer que los dos pudiéramos compartir.
Para nosotros fue divertido usar un banquillo para que yo pudiera llegar a donde había algo de comer. Tomé un poco de requesón y busqué una cuchara. Ana pensó que era muy divertido que yo tuviera que darle de comer, y nos reímos mucho.
Muy pronto tuvimos sed. Era difícil alcanzar los vasos porque estaban en un gabinete muy alto. Fui entonces a la sala para pedirle ayuda a mamá, pero ella no se pudo levantar. Regresé a la cocina y en el lavaplatos encontré vasos limpios. Mientras preparaba nuestras bebidas, pensé en cómo se veía mamá, y me dije: “Ella también necesita ayuda”.
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