¿Cuál es tu imagen estereotípica de una mujer, un hombre, un universitario, un octogenario, una persona de piel blanca, una persona de piel oscura, o de alguien que fuma? Y una pregunta aun más inquietante: ¿Qué imagen estereotípica crees que los demás tienen de ti? ¿No sería novedoso no prejuzgar a nuestro prójimo? Imagínate las puertas que se abrirían si nos viéramos, no sólo libres de ideas preconcebidas, sino seguros de nuestra hermandad, gracias a Dios, el Padre-Madre que tenemos en común.
En este artículo veremos la gran diferencia que hay en nuestras relaciones cuando abandonamos los conceptos estereotipados, y vemos al hombre y a la mujer reales de la creación de Dios.
Cuando estudiaba en la universidad, durante las vacaciones de Navidad conseguí un trabajo en una tienda departamental. El jefe del departamento al que fui asignado sentía mucha antipatía por mí, y yo por él. Un día, cuando regresé a casa después del trabajo, le dije a una amiga que yo le disgustaba a mi jefe porque yo era blanco y él era negro; también pensaba que me tenía envidia porque yo estudiaba en una universidad privada, y él por el contrario, trabajaba todo el día y asistía a una universidad pública.
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