Cuando comenzó la orden de quedarse en casa en su ciudad, su salud mental empeoró. Pero ella razonó que, si Dios no había dejado de darle alegría, ¿cómo podía sentirse infeliz? Como resultado tuvo una maravillosa curación.
Iniciar sesión para ver esta página
Para tener acceso total a los Heraldos, active una cuenta usando su suscripción impresa del Heraldo ¡o suscríbase hoy a JSH-Online!
