Skip to main content
Original Web

La acción del Amor divino

De El Heraldo de la Ciencia Cristiana. Publicado en línea - 15 de agosto de 2019


El otro día vi a una mujer que llevaba una camiseta que decía “El amor es comprensión”. Me hizo pensar, ¿Cuál es el propósito del amor, y cómo actúa? El Amor divino, el cual es Dios, llega mucho más lejos y profundamente que el afecto humano. Es la fuerza inteligente e imperiosa de la creación de Dios, que expresamos con entendimiento, honestidad y compasión los unos a los otros. El propósito del Amor es un poder que no puede resistirse o someterse.

Mary Baker Eddy, la Descubridora y Fundadora de la Ciencia Cristiana, describe el verdadero propósito del Amor en una carta a una filial de la Iglesia de Cristo, Científico: “El propósito del Amor divino es el de resucitar el entendimiento, y el reino de Dios, el reino de la armonía ya dentro de nosotros. Por medio de la palabra que os es hablada, sois liberados. Permaneced en Su palabra, y ella permanecerá en vosotros; y el Cristo sanador se verá manifestado en la carne nuevamente —comprendido y glorificado” (Escritos Misceláneos 1883-1896, pág. 154).

Podemos expresar este propósito del Amor divino, trayendo curación a nuestras vidas y a las de los demás, cuando calmamos el flujo de los pensamientos egoístas y estamos mentalmente lo suficientemente callados como para comprendernos realmente unos a otros. En la Ciencia Cristiana, aprendemos que existe solo una Mente infinita, Dios, la cual es universal, imparcial e ilimitada. Por ser la fuente de toda comprensión, la Mente jamás es injusta, indiferente o limitada. Y por ser nosotros el reflejo de Dios, naturalmente expresamos esta Mente amorosa y tierna en nuestras interacciones mutuas. Un hermoso himno declara: “Todos somos hijos de Dios, expresiones de la Mente única” (Désirée Goyette, Christian Science Hymnal: Hymns 430–603, N° 592, traducción libre al español).

Cristo Jesús vino a demostrarnos el espíritu activo y verdadero del amor y la comprensión. Su parábola del buen samaritano muestra que la ternura del Amor divino —expresado en el abnegado cuidado de los demás, la honestidad y la obediencia— es el único poder gobernante verdadero, no la insensibilidad del egoísmo, la deshonestidad o indiferencia humanas. Nuestra Mente todopoderosa y del todo amorosa nos exige actuar conforme a la instrucción de Jesús de amar a nuestro prójimo y ceder al control y gobierno absolutos del Amor en toda situación de la experiencia humana.

He aquí una instancia donde, de una forma sencilla pero importante, tuve la oportunidad de poner el amor de Dios en acción en mi propia vida. Era un día muy ventoso, y estacioné mi auto demasiado cerca de otro en el estacionamiento. Una ráfaga de viento hizo que la puerta de mi coche se abriera totalmente y golpeara el otro auto. Me di cuenta de que era un auto nuevo y que seguramente al dueño le encantaba. Me sentí impulsada a entrar en el restaurante, encontrar al dueño y ofrecerle pagar por la reparación. El joven dueño del auto se sintió decepcionado, ya que lo había comprado hacía apenas unos días. Sin embargo, en lugar de enojarse, fue muy amable y me agradeció por haberle avisado de inmediato lo ocurrido. Intercambiamos la información de contacto, y me mantuvo informada de cada estimado que conseguía, mientras trataba de encontrar el precio más bajo para la reparación. Toda la experiencia fue armoniosa para los dos, y nos dio gusto conocernos. El auto fue reparado muy pronto, y en pocos días, estaba completamente restaurado a su condición original.

Esta sencilla experiencia me hizo sentir realmente agradecida por las verdades que estaba aprendiendo en la Ciencia Cristiana, y cómo podía aplicarlas en mi vida cotidiana. En lugar de sentirme avergonzada o culpable, o aceptar la mentira de que la vida está sujeta a accidentes, lesiones o la suerte, me regocijé callada y humildemente de haber sentido sin vacilar el impulso de ser honesta, amable y afectuosa. Comencé a considerar más profundamente qué fue lo que me había impulsado a actuar de una manera cristiana.

La Sra. Eddy describe esta motivación de la siguiente manera: “En las veloces alas del pensamiento espiritual, el hombre se eleva por encima de la letra, la ley o el sentimiento de la Palabra inspirada, hacia el espíritu de la Verdad, por el cual se alcanza la Ciencia que demuestra a Dios” (La Primera Iglesia de Cristo, Científico, y Miscelánea,pág. 238).

Si bien nadie más fue testigo de este incidente, y yo podría haberme ido sin admitir mi falta, me sentí impulsada por el Amor divino a ser honesta. Si me hubiera ido, me habría perdido la oportunidad de expresar al Cristo en acción, y aprender la lección de que la bondad espiritual prevalece sobre la indiferencia de los sentidos materiales.

Un resultado directo de mi disposición de actuar honestamente y no prestar atención a cualquier tentación de mantenerme callada y guardar las apariencias, fue que la provisión del Amor no solo respondió a la necesidad del joven, sino también a la mía. Pocas semanas después, mi esposo y yo recibimos un mensaje de la compañía donde tenemos nuestra hipoteca, diciendo que ellos nos debían cierto dinero que habían retenido cuando compramos nuestra casa cuatro años antes, y el cheque que recibimos cubrió de sobra el costo en el que incurrimos para reparar el auto del joven.

Dios es el poder activo que nos capacita para cumplir con las admoniciones de Jesús: “Ámense unos a otros de la misma manera en que yo los he amado” (Juan 15:12, NTV); y “Ama a tu prójimo como a ti mismo” (Mateo 19:19, NTV). De modo que, estas no son demandas imposibles de cumplir, sino hermosas expresiones de la comprensión, protección y amor omnipresentes de Dios por Su creación. La creación de Dios, el reflejo espiritual del Amor mismo, es perfecta y armoniosa aquí y ahora. La capacidad y disposición que Dios nos ha dado para ser gobernados por el Principio divino, el Amor, prueba la absoluta impotencia e inacción de cualquier otra llamada fuerza, ya sea mal, odio, magnetismo animal o pecado. También revierte la malapráctica mental que nos tienta a pensar y a actuar con egoísmo o indiferencia, y nos impide hacer lo correcto. En toda situación, expresar el Amor divino excluye los sentimientos de resentimiento y hostilidad, y nos impulsa hacia la Vida, la armonía y la unidad de unos con otros. La Sra. Eddy declara: “La ley de Dios es la ley del Espíritu, una fuerza moral y espiritual de la Mente inmortal y divina” (Escritos Misceláneos, pág. 257).

Puesto que el hombre es la idea de Dios, el bien —y esto incluye a todo hombre, mujer y niño— cada uno de nosotros puede regocijarse en la libertad del Amor divino de ser bueno y hacer el bien. Al aferrarnos al hecho divino de que solo Dios es la Mente única o Principio que gobierna al hombre y el universo, la sutil resistencia a la Verdad, en forma de escasez, limitación u orgullo, es completamente excluida de la consciencia y, por lo tanto, de nuestra experiencia humana.

 Es importante que todo Científico Cristiano practique a diario el amor que Cristo Jesús demostró. Poner en práctica este amor nunca es insignificante, ya que hasta el más pequeño acto de bondad está imbuido de la totalidad del poder y la gloria del Amor divino.

La Sra. Eddy escribe: “Hambrientos y sedientos de una vida mejor, la obtendremos, y nos convertiremos en Científicos Cristianos; llegaremos a comprender a Dios correctamente, y a conocer algo acerca del hombre ideal, el hombre verdadero, armonioso y eterno” (Escritos Misceláneos, pág. 235). 

Amar a Dios y contemplar “al hombre verdadero” es vivir la Ciencia Cristiana; y hacerlo no es solo una bendición para nuestra propia Iglesia y la comunidad, sino la demostración real de la Vida eterna. ¿Qué propósito puede ser más satisfactorio y gratificante que este? 

Más artículos en la web

La misión de El Heraldo

La explicación divinamente inspirada de la Sra. Eddy sobre la misión de El Heraldo de la Ciencia Cristiana, fundado en 1903, se ha convertido en símbolo de las actividades del movimiento de la Ciencia Cristiana que abarca al mundo. Las palabras de la Sra. Eddy figuran en la inscripción de la cornisa del edificio de La Sociedad Editora de la Ciencia Cristiana: para proclamar la actividad y disponibilidad universales de la verdad. El Heraldo es una expresión tangible del interés de nuestra Guía en compartir con toda la humanidad el inapreciable conocimiento de la Ciencia de la Vida. La Sra. Eddy comprendió que el Consolador había venido “para la sanidad de las naciones”.

Alfred F. Schneider, El Heraldo de la Ciencia Cristiana, número de mayo de 1974

Saber más acerca de El Heraldo y su misión.