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Lección de un reloj “rajado”

De El Heraldo de la Ciencia Cristiana. Publicado en línea - 22 de agosto de 2019


“¡Oh no!”, exclamó mi esposo consternado. “¡Mi reloj tiene una rajadura justo en medio de la esfera!” Todos miramos, y allí estaba, una rajadura oscura y profunda que arruinaba la apariencia de su bello reloj pulsera. “¿Cómo habrá ocurrido esto?”, nos preguntamos todos.

Pasamos veinticuatro horas creyendo que el reloj de mi esposo estaba dañado y tratando de decidir cuándo lo mandaríamos a arreglar. Entonces, por la noche él volvió a mirar el reloj, pero esta vez más cuidadosamente, y dijo “Saben una cosa, ¡creo que es solo una marca!”. Lo frotó con un paño y la esfera del reloj quedó como nueva.

Hay otras formas en que podemos ser engañados, en cosas mucho más importantes. Por ejemplo, ¿no somos todos tentados al enfrentarnos con la evidencia de una enfermedad, accidente o cualquier otra situación discordante, a inmediatamente tratar de explicar o cuestionar porqué sucedió eso y lo que va a ocurrir? ¿Cuántas veces miramos la evidencia de una enfermedad en el cuerpo o en una situación en nuestra vida y la aceptamos como si fuera verdadera, como algo que tenemos que cambiar?

Las enseñanzas de la Ciencia Cristiana están basadas en la verdad que revela la Biblia de que el hombre está hecho a la imagen y semejanza perfecta de Dios, pura e impecable. Él no es un mortal vulnerable sujeto a discordancias de todo tipo. Cuando enfrentamos cualquier situación desagradable o perjudicial, podemos elevar nuestro pensamiento por encima de la evidencia que tenemos delante y reconocer que Dios, la Mente divina, tiene el control, y nos mantiene en Su amor. Todo aquello que es desemejante a Dios desaparece cuando reconocemos nuestra naturaleza verdadera y perfecta, y comprendemos que la discordancia jamás tuvo ninguna realidad o lugar en nuestra experiencia o en nuestra verdadera existencia porque Dios, el único creador, nunca hizo que existiera.

En lugar de vernos a nosotros mismos materialmente, declaremos con firmeza que Dios, el Principio divino, gobierna nuestro ser, y expresa dentro de nosotros integridad, salud, percepción espiritual y acción perfecta. Este es el modo cristiano de sanar.

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La explicación divinamente inspirada de la Sra. Eddy sobre la misión de El Heraldo de la Ciencia Cristiana, fundado en 1903, se ha convertido en símbolo de las actividades del movimiento de la Ciencia Cristiana que abarca al mundo. Las palabras de la Sra. Eddy figuran en la inscripción de la cornisa del edificio de La Sociedad Editora de la Ciencia Cristiana: para proclamar la actividad y disponibilidad universales de la verdad. El Heraldo es una expresión tangible del interés de nuestra Guía en compartir con toda la humanidad el inapreciable conocimiento de la Ciencia de la Vida. La Sra. Eddy comprendió que el Consolador había venido “para la sanidad de las naciones”.

Alfred F. Schneider, El Heraldo de la Ciencia Cristiana, número de mayo de 1974

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