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2025

Cuando nos sentimos libres, experimentamos paz espiritual y podemos escuchar al Amor divino guiándonos para liberarnos de nuestras cargas. Dejamos el camino abierto para la bondad divina, y sabemos que todas las oraciones son respondidas y que recibimos mucho más de lo que pedimos.

Desde entonces, ha habido instancias en las que me he torcido la misma rodilla, pero cada vez declaré que ya había demostrado que estaba bajo el gobierno armonioso de Dios, y esto silenció el miedo a las lesiones, lo que resultó en curación.

Pasaron muchos meses antes de que pensara en volver a subirme a una bicicleta. Sin embargo, un domingo por la mañana del mes de junio siguiente gané la confianza para reanudar esa actividad después de cantar un himno en nuestra iglesia filial de la Ciencia Cristiana.

Cuando me levanté a la mañana siguiente, rengueaba un poco, pero pude ir a mi negocio y trabajar todo el día. Oré para ver que mi fuerza y capacidad como hijo de Dios estuvieran intactas para siempre.

Ese fue el inicio de mi estudio de la Ciencia Cristiana, y marcó un antes y un después en mi vida. En Argentina a veces llamamos a estos eventos “bisagra”, como la de una puerta. Para mí se cerró una puerta y se abrió otra maravillosa —la Ciencia Cristiana— y me trajo muchas bendiciones.  

Los cambios negativos no pertenecían a Dios ni a Su expresión. Yo sabía gracias a mi estudio de la Ciencia Cristiana que esta expresión divina de Dios nos incluye a cada uno de nosotros.

De repente, sentí muy claramente que debíamos dejar de buscar, que Luka iba a volver. Casi me pareció como una orden seguida de una convicción total de que él regresaría a casa. Tan pronto tuve este pensamiento, me detuve en seco.

Cada vez que me pongo nerviosa o estoy preocupada, afirmar estas ideas sobre la espera me ayuda a recuperar mi confianza y paz, porque ilustran que el Amor divino siempre nos sostiene a todos en su cálido abrazo.

También recuerdo algo más que tuvo un gran impacto en mí. Era la idea de que ni en la vida hay dolor, ni en el dolor hay vida. Ese pensamiento era un bálsamo; fue tan profundo para mí que en tres minutos el dolor desapareció por completo. Fue muy satisfactorio, una experiencia muy inspiradora.

Saber que el cuidado de Dios por mí era absoluto culminó en este momento salvador de escuchar a Dios y saber obedecer al instante.

La misión del Heraldo

 “... para proclamar la actividad y disponibilidad universales de la Verdad...”

                                                                                                          Mary Baker Eddy

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