El Cristo, la santidad que Jesús encarnó, nos permite “lograr el ministerio de la justicia”. El Cristo siempre está activo en la consciencia humana, guiándonos individual y colectivamente por el camino de la salvación, nuestra libertad absoluta de toda consciencia y condiciones discordantes.
Nuestra práctica de la Ciencia Cristiana está respaldada por las verdades espirituales de la Biblia. La luz que ilumina los rincones oscuros de la consciencia global brilla desde la luz poderosa, sanadora e inextinguible de la Palabra viva, la Biblia.
En lugar de simplemente releer el libro de texto, algo que había hecho muchas, muchas veces a lo largo de los años, decidí escribirlo con bolígrafo y papel. Este proceso de copiar Ciencia y Salud de mi propia mano se convirtió en una experiencia muy profunda y personal. Estaba viendo las palabras de la Sra. Eddy y conectándome con ellas de una manera nueva.
Aprendí desde el principio que, al igual que un rayo de luz proviene del sol, mi vida es la expresión de Dios y Su bondad.
A través del dedicado estudio de Ciencia y Salud y la Biblia, todos pueden aprender a sanarse a sí mismos y a los demás. Las últimas cien páginas de Ciencia y Salud contienen testimonios de personas que sanaron con solo leer el libro de texto.
Estoy muy agradecida por todas las bendiciones que he recibido desde que conocí la Ciencia Cristiana y profundicé en la Verdad divina. Si alguien me pregunta qué significa la Ciencia Cristiana para mí, diré que la libertad absoluta. Encontrarla me cambió la vida.
Manifestar paciencia, escuchar y cooperar unos con otros convirtió ese evento devastador en un tiempo de desarrollo espiritual.
Logré dejar de preocuparme por cómo podría ser esta visita navideña si yo seguía mal. En cambio, me quedé en el presente, solo pensando en la naturaleza de Dios.
Cuando comencé la caminata, oré a cada paso, sabiendo que, si Dios no causaba dolor, entonces no podía manifestarse en mi experiencia. Di el primer paso y luego el siguiente sin dolor. La caminata del primer día fue corta, y mientras caminaba y oraba, logré quedarme con el grupo.
Me mantengo alerta durante todo el día a los pensamientos de incertidumbre, temor y angustia que me llegan de la forma de pensar del mundo. Al seleccionar y admitir solo los pensamientos que provienen de Dios, el bien, no me dejo engañar por la discriminación, el racismo, la intolerancia o la violencia, sabiendo que estos errores no me pertenecen a mí ni a mi prójimo, porque no son de Dios.