¿Cuándo te diste cuenta por primera vez de que eres espiritual? Quizá sea una verdad que siempre has sentido, o quizá solo ahora estás dándote cuenta. En cualquier caso, este reconocimiento lo cambia todo.
A través de la oración y el estudio de la Biblia y las enseñanzas de Mary Baker Eddy de Ciencia y Salud con la Llave de las Escrituras, basadas en la Biblia, aprendemos que ser espiritual no es simplemente algo que debemos esperar con ilusión en el futuro ni algo que se gane. Es nuestra propia naturaleza ahora mismo: la forma en que Dios nos hizo.
Las Escrituras declaran: “Dios es Espíritu” (Juan 4:24, New King James Version), y afirma en Génesis 1:26 que somos creados a imagen de Dios. Lo que crea el Espíritu es espiritual. Como explicó Jesús, “El Espíritu da vida; la carne no vale para nada” (Juan 6:63, New International Version). Por lo tanto, ser espiritual es saber que somos de Dios: la expresión amada y amorosa del Amor divino. No somos mortales frágiles que luchan sin cesar, sino el fruto radiante de Dios: completo, querido e inherentemente bueno.
Puesto que Dios es Espíritu, el término espiritual se refiere a todo aquello que es importante y real, en vez de a algo abstracto o un pequeño aspecto casual del ser. El Espíritu es la sustancia de todo. Comprendemos más plenamente nuestra identidad como la semejanza espiritual individual de Dios a medida que reconocemos que Dios es el Espíritu todopoderoso y omnipresente; el Amor divino tierno y no obstante protector; la única Mente omnisciente e inteligente. Con esta comprensión más completa, podemos rechazar las apariencias materiales y descartar las debilidades, dolores y limitaciones de la materia.
Ser espiritual es ser infinitamente sano y fuerte, igual que el Espíritu o Dios. La Sra. Eddy resume esta idea en Ciencia y Salud: “El Espíritu es la sustancia única, el Dios infinito, invisible e indivisible. Las cosas espirituales y eternas son sustanciales. Las cosas materiales y temporales son insustanciales” (pág. 335).
Puesto que somos espirituales, siempre podemos ser conscientes de lo que somos eternamente, incluso en medio de la vida cotidiana. Ya sea al lavar platos, escribir informes o consolar a un amigo, allí mismo somos la expresión espiritual de Dios —y también lo son todos los demás—.
Ser espiritual significa que somos totalmente independientes de la materialidad y dependemos completamente de Dios para tener salud y felicidad. La salud es una cualidad espiritual del ser, no una condición material poco fiable.
Ser espiritual significa que reflejamos una Vida infinita y eterna. Dios es Vida: inmortal e incorruptible. Vivimos porque somos la expresión de la Vida divina, y no somos tocados por el miedo, la confusión o la tristeza. La vida siempre es, y siempre tenemos un propósito.
Porque somos espirituales, comprender a Dios nos da esperanza cuando el mundo parece incierto o si la alienación nos tienta y parece impulsarnos a tomar decisiones autodestructivas.
Porque somos espirituales, nuestra comprensión está empoderada por el Cristo, el poder divino siempre disponible y el mensaje corrector de Dios. El Cristo permite que la oración impulse cambios en el corazón y traiga curación a un mundo que espera.
Ser espiritual significa que somos dinámicos, no obstante, poseemos un profundo valor y la capacidad de expresar dignidad divina. El apóstol Pablo explicó: “El fruto del Espíritu es amor, alegría, paz, paciencia, bondad, amabilidad, fidelidad... Si vivimos en el Espíritu, caminemos también en el Espíritu” (Gálatas 5:22, 25, NKJV).
Ser espiritual es vivir productivamente, ver belleza por todas partes, actuar con compasión y fortaleza cristianas, y reconocer que todos somos inocentes y amados, nunca perdidos ni solos.
Una persona deshonesta y malvada puede parecer muy real, pero jamás es la imagen de Dios, por lo tanto, nunca es real. Mediante la oración sabia, a todo pecado se le debe negar una individualidad. Y el sentimiento de ser una víctima que lucha, está quebrantada o es propensa a sufrir accidentes nunca debe aceptarse como verdadera para nadie. Atesorar la naturaleza espiritual de todos permite que Dios sea glorificado y que Su amor y estabilidad sean atestiguados con gracia. Esto es ejercer el método científico de Jesús para practicar el cristianismo, tal como se explica en la Ciencia Cristiana.
Puesto que somos completamente espirituales —como revela la Biblia y la Ciencia Cristiana explica— el tierno cuidado que Dios brinda a Su creación siempre está a la mano para que se demuestre. No obstante, debe entenderse que la mejoría de la condición humana no hace que sea realidad una creación basada en la materia. No es más que una indicación de que un falso sentido del ser como material y mortal está cediendo ante la realidad espiritual.
No somos mortales que tienen una experiencia material ni seres espirituales que viven una vida mortal. Somos seres espirituales que están teniendo una experiencia espiritual, a pesar de la creencia de que somos o hemos sido alguna vez materiales o mortales.
La Sra. Eddy nos recuerda: “El hombre es espiritual y perfecto; y porque es espiritual y perfecto, tiene que ser comprendido así en la Ciencia Cristiana” (Ciencia y Salud, pág. 475).
Así que pregúntate a menudo: “¿Qué significa ser espiritual?” Al buscar la respuesta, descubrirás lo que siempre has sido: el hijo perfecto y espiritual de Dios. ¡Acepta esto y empieza a vivir de verdad!
Keith Wommack, Miembro de la Junta Directiva de la Ciencia Cristiana
