La situación no podía ser peor. Por el “crimen” de practicar la curación cristiana de acuerdo con las enseñanzas de Cristo Jesús, y en presencia de una turba violenta, fueron arrestados, golpeados y arrojados a un calabozo interior, donde sus pies fueron encadenados a un cepo. No eran personajes de una historia de aventuras ficticia. Pablo y Silas, los dos primeros cristianos que pasaron por esta extrema experiencia, eran personas reales.
La Biblia relata que su respuesta fue orar y alabar a Dios. Como resultado de su oración, no solo fueron liberados de la prisión, sino que el carcelero y su familia aceptaron de inmediato el cristianismo (véase Hechos 16:16-34). La historia es un ejemplo maravilloso del poder del Cristo, la verdadera idea de Dios, para sanar y salvar a cada uno de nosotros.
Al ponernos en su lugar, podríamos preguntarnos cómo hubiéramos manejado esta situación. ¿Habríamos tenido la capacidad de hacer lo mismo? ¡Sí!
Pablo y Silas eran seres extraordinarios, pero su capacidad para enfrentar esta situación no fue simplemente resultado de su valor y fortaleza personales. Tenían algo muy superior —algo que en realidad está al alcance de todos nosotros—. Ese algo se ve en un detalle importante en el relato de su adversidad: la Biblia relata que oraron y alabaron a Dios a medianoche.
¿Por qué a medianoche? ¿Por qué esperar? De hecho, al saber lo que sabemos de Pablo por sus extensos escritos en la Biblia, probablemente él y Silas, su elegido compañero de viaje, oraban profundamente todo el tiempo. Sin embargo, esa oración no impidió que fueran arrestados. No evitó que fueran golpeados. Y no impidió que los arrojaran a una mazmorra. En el momento en que sus pies estaban encadenados al cepo, quizá tuvieron la tentación de preguntarse si toda esa oración estaba teniendo algún efecto. Algunos en su situación podrían haber estado pensando en rendirse, creyendo que quizá Dios los había abandonado y preguntándose si estaban orando mal.
No obstante, es posible que “medianoche” se refiriera menos a una hora concreta del reloj y más a la tentación de sentir el desánimo y la desesperación, la oscuridad más profunda, que pesaría sobre muchas, si no la mayoría, de las personas en una situación así. Muchos de nosotros llegamos a un punto que fue como tocar fondo, un momento de “medianoche” —la hora más oscura—. En esos momentos, podemos aprender de Pablo y Silas. Ellos no se rindieron ni perdieron la fe. En cambio, oraron y cantaron alabanzas a Dios con tanta energía que los demás prisioneros los oían. Es decir, alababan al mismo Ser que, en ese momento, podría haber parecido muy distante e indiferente.
Dicha alabanza no consiste en persuadir a Dios para que nos ayude. Él nos ayuda de todos modos —Él es el Amor mismo y nos ama invariablemente, para siempre—. Ellos no necesitaban, y nosotros jamás necesitamos, llamar Su atención. Estamos por siempre abrazados bajo Su cuidado. Dios es la única causa y creador, y todo lo que creó es, como Él, totalmente bueno.
En realidad, la totalidad de Dios excluye el mal. Sin embargo, el mal puede sentirse y parecer muy real para nosotros, tal como un sueño nocturno puede parecer muy real, hasta que conscientemente nos volvemos al Cristo, la Verdad, para elevar nuestro pensamiento por encima de ese sentido falso. El Cristo revela que no somos mortales basados en la materia. Nuestro verdadero ser como imagen y semejanza de Dios, el Espíritu (véase Génesis 1:26, 27), es totalmente espiritual. De manera que es totalmente natural que veamos y sintamos la presencia y el poder de Dios.
Alabar a Dios es elevar nuestro pensamiento hasta alcanzar esa verdadera comprensión reconociendo quién es y qué es Él. La Guía de la Ciencia Cristiana, Mary Baker Eddy, escribe: “En la Ciencia Cristiana la hora de medianoche será siempre la hora nupcial, hasta que ‘allí no haya más noche’...
“En medio de las tinieblas emerge la gloria de nuestro Señor, y Su Amor divino se encuentra en la aflicción” (Escritos Misceláneos 1883-1896, pág. 276).
Pablo y Silas alcanzaron la comprensión que los sacó de aquella medianoche en particular siguiendo las palabras y obras de Cristo Jesús. La Sra. Eddy siguió al mismo maestro. Como profunda estudiante de la Biblia, aprendió a aplicar las leyes espirituales que Jesús enseñó de la misma manera que Pablo y Silas. Y dio lo que aprendió al mundo a través de sus escritos, en particular, el libro de texto de la Ciencia Cristiana, Ciencia y Salud con la Llave de las Escrituras.
Durante muchas décadas, las páginas de esta revista y sus publicaciones hermanas, The Christian Science Journal y el Christian Science Sentinel, han publicado testimonios que demuestran la eficacia de estas enseñanzas. Relato tras relato de curación cuenta que las personas se apartaron de los efectos de una llamada ley material de enfermedad, malicia, lesión, ira, pérdida, carencia o incluso muerte y se volvieron a la ley del Amor, lo que muestra que incluso en nuestros momentos más oscuros y difíciles, el profundo y tierno amor de nuestro Padre-Madre celestial está ahí para nosotros.
La comprensión que salvó a Pablo y Silas está disponible para todos a través de la Biblia y los escritos de la Sra. Eddy. Te invitamos a unirte a nosotros para encontrar curación allí mismo en medio de los “momentos de medianoche” alabando a Dios, entendiendo la acción siempre presente de Su poder y amor.
Lisa Rennie Sytsma, Redactora en Jefe
