La Copa Mundial Masculina de la FIFA 2026 comenzó el 11 de junio. Cuarenta y ocho naciones compitieron en el torneo de fútbol recientemente ampliado —que se celebró en Estados Unidos, México y Canadá— y la final tendrá lugar el 19 de julio.
Cuando juego al fútbol, las cualidades expresadas en el campo que más valoro incluyen arte, tenacidad, destreza, valor, cohesión, precisión, belleza y gracia. Tales atributos espirituales pertenecen a Dios, a quien las Escrituras definen como Espíritu infinito (véase Juan 4:24).
La Ciencia Cristiana enseña que, por ser expresiones del Espíritu, hombres, mujeres y niños son creados para expresar a Dios de maneras únicas propias de cada persona. Esta es, en verdad, nuestra razón de existir. La comprensión de la identidad espiritual ilimitada del hombre, como creación del Espíritu, me ha permitido participar en los deportes con alegría y satisfacción. Ha aumentado mi aprecio por el deporte como una forma de expresar y alabar al Espíritu, Dios. Mary Baker Eddy, Fundadora de The Christian Science Monitor, escribe en su obra principal, Ciencia y Salud con la Llave de las Escrituras: “La Ciencia Cristiana no le quita nada a la perfección de Dios, sino que Le atribuye a Él toda la gloria” (pág. 262).
Si la Copa Mundial consiste en apreciar las cualidades de Dios expresadas por quienes participan, ¿importa qué equipo gane cada partido? Realmente no. Sin embargo, los aficionados al fútbol de cada país participante desean naturalmente que su equipo se desempeñe bien y avance en el torneo. Para los jugadores y entrenadores, no siempre es fácil lidiar con la derrota, especialmente cuando compiten por lo que podría ser una oportunidad única en la vida de ganar un trofeo en particular.
En ocasiones, cuando he enfrentado la derrota en deportes competitivos —ya sea como entrenador o como jugador— me ha resultado útil pensar en este versículo de las Escrituras hebreas: “Tuya es, oh Jehová, la magnificencia y el poder, la gloria, la victoria y el honor; porque todas las cosas que están en los cielos y en la tierra son tuyas. Tuyo, oh Jehová, es el reino, y tú eres excelso sobre todos” (1 Crónicas 29:11). En el universo espiritual, creado y gobernado por el Espíritu, Dios, todo es armonioso, completo y plenamente provisto. Dios no toma partido. No hay ganadores ni perdedores; ¡todos somos las expresiones triunfantes de Dios!
Se espera que millones de aficionados al fútbol de todo el mundo viajen a los grandes estadios donde se disputarán los partidos del Mundial. Estas reuniones deben ser alegres, armoniosas, seguras y libres de comportamientos perturbadores o intimidantes.
Recientemente asistí a un partido de fútbol profesional en el suroeste de Inglaterra. Después del partido, la policía hacía todo lo posible por mantener separados a dos grupos de aficionados rivales. No era fácil, y algunos fans se burlaban unos de otros.
Consideré las palabras de Cristo Jesús en el Sermón del Monte: “Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios” (Mateo 5:9). La policía se esforzaba por ser pacificadora. Al observar esta actividad, afirmé en silencio que Dios, la Mente divina, está siempre presente y lo abarca todo, manteniendo la armonía, la paz y el orden. La discordia y la enemistad no forman parte de la creación armoniosa de Dios. Los aficionados pronto se dispersaron sin más rencores ni más altercados. Reconocí con gratitud que el gobierno de la Mente divina había prevalecido sobre una aparente amenaza para la estabilidad y la paz.
La participación en los deportes y la valoración de las competencias deportivas como la Copa Mundial nos brindan la oportunidad de honrar a Dios y alabar Su majestad, gracia y gloria. Disfrutemos este verano del torneo de la Copa Mundial y regocijémonos por las cualidades derivadas del Espíritu expresadas por todos aquellos que participan en ella.
