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El sangrado se detuvo y la herida sanó rápido

De El Heraldo de la Ciencia Cristiana. Publicado en línea - 20 de julio de 2026

Original en español


Hace algunos meses, estaba preparando el desayuno y necesitaba abrir un paquete, pero en lugar de usar las tijeras, tomé rápidamente un cuchillo. Empujé el cuchillo con fuerza dentro del paquete, pero sin querer también entró en mi dedo, provocando un corte bastante profundo. Me dolió mucho, pero pensé que tal vez era solo una impresión.

De inmediato, fui a mi habitación a orar. No me detuve para vendarme el dedo, pero mantuve apretada la herida porque sangraba mucho. Quería orar primero y no tener opiniones sobre lo que había pasado. Negué que algún accidente fuera posible en el universo de Dios, ya que los accidentes deben ser desconocidos para Dios, como leemos en el libro de texto de la Ciencia Cristiana, Ciencia y Salud con la Llave de las Escrituras de Mary Baker Eddy (véase pág. 424).

Mi marido terminó de preparar el desayuno y luego se fue con nuestra hija. Poco después me llamó para preguntar cómo estaba. Él sabe que me apoyo en Dios para todo, y Lo respeta porque ha visto los buenos resultados.

Seguí orando y, aunque me sentía tranquila, la herida sangraba abundantemente cada vez que dejaba de sujetarla. Oré con “la declaración científica del ser” que se encuentra en Ciencia y Salud, que comienza así: “No hay vida, verdad, inteligencia ni sustancia en la materia. Todo es la Mente infinita y su manifestación infinita, pues Dios es Todo-en-todo” (pág. 468). Y afirmé que el hombre, la expresión de Dios, “no está constituido de cerebro, sangre, huesos y otros elementos materiales”, sino que es enteramente espiritual, como se explica en Ciencia y Salud (pág. 475).

A todo esto, ya habían pasado unos 45 minutos y la situación parecía no haber cambiado. Necesitaba apoyo espiritual, así que llamé a una practicista de la Ciencia Cristiana. Me sentí inmediatamente segura al oír que una idea de Dios no puede ser tocada por un cuchillo, y que soy una idea en la Mente, Dios.

Eso me impresionó. Me hizo volver la mirada a la realidad espiritual, la única realidad. Había olvidado que soy una idea espiritual, y fue muy reconfortante saberlo.

La practicista me dijo que oraría por mí y me pidió que la llamara en unos minutos. Lo hice, y esta vez fue para hacerle saber que mi dedo había dejado de sangrar y que ya no había dolor. En unos minutos pude continuar con las labores domésticas.

El corte en mi dedo se cerró muy bien en pocos días, sin dejar rastro de herida. No hubo infección ni cicatriz.

Debo confesar que nunca había sentido el cuidado del Amor divino tan intensamente como con esta hermosa curación. Me sentía tranquila, segura y confiada a pesar de las visibles evidencias de un accidente. Fue maravilloso darme cuenta de que la única vida que existe radica en Dios, no en la sangre ni en la carne. Esta curación me llenó de una inmensa gratitud y me permitió apreciar aún más la presencia divina que está en todas partes, todo el tiempo. Es un privilegio poder contar con la Ciencia Cristiana en mi vida.

Estoy muy agradecida.

Eva Ruth Sánchez Cruz
Tegucigalpa, Honduras 

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