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Buenas noticias

Inseparable del cuidado constante de Dios

De El Heraldo de la Ciencia Cristiana. Publicado en línea - 6 de julio de 2026

Publicado originalmente en alemán


Cada mañana, empiezo el día con dos desayunos, cada uno de un tipo diferente. El primero es una tostada con queso crema y mermelada. Luego viene un “desayuno espiritual”: leer la Lección Bíblica semanal del Cuaderno Trimestral de la Ciencia Cristiana. Esta lección está compuesta de pasajes de la Biblia y Ciencia y Salud con la Llave de las Escrituras, escrito por Mary Baker Eddy, que abordan un tema concreto para la semana. Este desayuno me ayuda a ver el día que tengo por delante desde una perspectiva espiritual —tal y como lo ve Dios—.

A menudo, cuando quiero aplicar algo que leo por la mañana para ayudarme durante el día, me doy cuenta de que no recuerdo las palabras exactas. Cuando esto me molesta, me ayuda pensar que Dios es omnipresente y que, por ser Su reflejo, no puedo separarme de Él y de Su cuidado siempre presente. Puedo contar con que recibiré pensamientos espirituales en el momento adecuado porque están disponibles a cada momento y funcionan sin interrupciones. El Amor divino, Dios, siempre nos cuida y ayuda porque “en él vivimos, nos movemos, y tenemos nuestro ser” (Hechos 17:28, KJV).

La siguiente experiencia me ilustró esto.

Dos días a la semana cuido de los tres hijos de una familia. Un día, ambos padres estaban de viaje por trabajo, y mi tarea incluía acostar a su hijo más pequeño esa noche. No lo había hecho antes, y sabía por lo que me habían contado los padres que a menudo implicaba muchas rutinas antes de que el niño finalmente se durmiera. Los dos hermanos mayores también describieron en detalle lo que su hermano menor haría para retrasar irse a la cama. Empecé a dudar de si podría cumplir mi tarea satisfactoriamente, así que le pedí a Dios que me diera buenas ideas sobre cómo lograrlo.

Ciencia y Salud dice: “Debemos exa­minar en profundidad lo que es real en vez de aceptar sólo el sentido exterior de las cosas” (pág. 129). Reconocí que esto se aplicaba perfectamente a la situación. Me di cuenta de que no había razón para aceptar las predicciones de los hermanos, porque solo mostraban un sentido humano o material de su hermano y de la situación. Esto no era lo que yo quería ni necesitaba aceptar.

En cambio, me pregunté cuál era la realidad espiritual. Se me ocurrió que el niño reflejaba a Dios. Puesto que cada uno refleja a Dios, nunca podemos estar separados de Su cuidado, ¡y solo podemos incluir armonía y bien! Afirmé estas verdades y sentí que mi preocupación por la situación desaparecía.

Con mi pensamiento libre para escuchar los pensamientos de Dios, pensé en cómo podía demostrar Su poder y omnipresencia y luego escuché con expectativa. No tuve que esperar mucho. Juntos, el niño y yo decidimos pensar en los pasos individuales que tenía que dar antes de irse a la cama. Le pedí que explicara sus puntos de vista sobre todo con mucho cuidado. Lo hizo con entusiasmo y convicción, y de inmediato demostró lo que tenía que hacer. Esto tuvo resultados prácticos: se acostó solo.

¡Estupendo! No tuve que darle instrucciones sobre qué hacer. Nos divertimos mucho y no hubo ningún problema. Sus hermanos estaban asombrados. ¡Gracias, Dios!

Estoy agradecida de haber sido testigo de que nunca podemos estar separados del cuidado y las buenas ideas de Dios, y de que podemos demostrar el cuidado de Dios en cualquier situación.

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