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Nuestra herencia abundante

De El Heraldo de la Ciencia Cristiana. Publicado en línea - 6 de julio de 2026

Original en español


El salmo 23 comienza así: “Jehová es mi pastor; nada me faltará. En lugares de delicados pastos me hará descansar; junto a aguas de reposo me pastoreará. Confortará mi alma; me guiará por sendas de justicia por amor de su nombre” (versículos 1-3). Este maravilloso salmo describe a Dios como un Pastor amoroso que cuida, protege y guía a todas Sus ovejas, incluso en los momentos más oscuros. El Pastor les proporciona todo lo que necesitan; guiando a sus ovejas hacia la abundancia y la serenidad, y ofreciéndoles descanso y la certeza de Su presencia.

Hace unos años, me encontré padeciendo y aceptando una situación de escasez y carencia. Pasé de tener un sueldo fijo mensual a ser completamente autónoma. Oré con diligencia como nos enseña la Ciencia Cristiana. Sabía que Dios me estaba guiando a través de esta situación y que no tenía que hacerlo sola. Sentí la necesidad de orar más sistemáticamente y de dar cada vez más a los demás, porque es al dar que demostramos nuestra abundancia.  

Una historia de la Biblia me trajo mucha inspiración. En 2 Reyes: 4, leemos que un acreedor amenaza con llevarse a los hijos de una viuda como esclavos debido a la gran deuda que le había quedado tras el fallecimiento de su marido. La viuda acude al Profeta Eliseo, quien le indica que recoja vasijas vacías de sus vecinos, y les vierta de su vasija de aceite. La viuda descubre que tiene tanto aceite que puede llenar todos los recipientes vacíos; y luego lo vende para pagar su deuda y todavía le queda dinero con que vivir con sus hijos.

En el Glosario de Ciencia y Salud con la Llave de las Escrituras, la Sra. Eddy define el aceite como “consagración; caridad; dulzura; oración; inspi­ración celestial” (pág. 592). Para mí, esto significa que Eliseo quería que la viuda entendiera que cuanta más inspiración les diera a otros, más tendría ella misma; y eso ayudaría a sus vecinos, a sus hijos y a ella.

La inspiración divina —debido a que su fuente está en Dios— jamás se agota.

Esta historia bíblica me hizo darme cuenta de que ya tenemos una herencia espiritualmente abundante de ideas espirituales infinitas que recibimos directamente de Dios. Y compartimos esta herencia cuando amamos a los demás y expresamos más caridad, orden, perdón, gentileza, bondad y cuidado. Estas son cualidades —cualidades propias del Cristo— que les pertenecen a los hijos de Dios; pero no podemos disfrutar de una herencia si no sabemos que la tenemos. Así que, para que podamos usar esta gran herencia de nuestro Padre-Madre Dios, primero debemos reconocerla y luego aceptarla como nuestra.  

Durante ese tiempo, me invitaron a ser Lectora en una Sociedad de la Ciencia Cristiana de habla hispana, y acepté de inmediato. Me dio la oportunidad de dedicar más tiempo a la oración y, como resultado, mucha gente empezó a pedirme ayuda metafísica. Era como si cuanto más daba a los demás, más recibía, y así empecé a sentir que ya no me faltaba nada.

En ese momento me pareció sensato comprar un coche mejor, y una familia que estaba a punto de adquirir un auto eléctrico me dio el suyo, que estaba en excelentes condiciones. Esto fue una prueba del amoroso cuidado del Pastor.

Mi estudio diario de la Lección Bíblica de la Ciencia Cristiana me proporcionaba una abundancia de ideas espirituales. Esas ideas, en realidad, son nuestra herencia divina.

Un día, de forma bastante inesperada, unas personas me dieron una gran suma de dinero que cubrió todas mis necesidades durante un período muy largo. Mi generosidad abundante y sin medida hacia los demás me estaba dando más de lo que podía desear.

En Lucas 6:38, Cristo Jesús nos dice: “Dad, y se os dará”. Aquí, nos está enseñando sobre la reciprocidad espiritual. En este versículo promete que, al dar con un corazón generoso, recibiremos una “medida buena, apretada, remecida y rebosando” —en igual medida que damos a los demás—. La generosidad genera abundancia.

Jesús enfatiza que la generosidad no crea carencia; al contrario, abre puertas. Esto no es solo una regla relativa al dinero, sino una verdad espiritual sobre cómo vivir de manera desinteresada y generosa, confiando en la abundante provisión de Dios y sabiendo que dar y recibir siempre van de la mano.

Poco después, me di cuenta de que un familiar muy cercano estaba pasando por dificultades económicas, y fue un privilegio poder compartir con este miembro de la familia todas esas ideas espirituales que tanto me habían ayudado. Además, lo ayudé a pagar todas sus facturas atrasadas, dejándolo libre de deudas. Esto ilustra que el Amor divino se refleja en el amor.

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