Las estadísticas de empleo pueden subir y bajar o mantenerse relativamente estables, pero siempre hay una forma en que podemos sentirnos lucrativamente empleados, independientemente de nuestra situación laboral. Esta consiste en contemplar nuestro propósito momento a momento desde un punto de vista espiritual. Si sentimos en el fondo de nuestro corazón que nuestro esfuerzo más importante es conocer a Dios y comprender y aceptar cómo Dios nos conoce a nosotros y a los demás, siempre nos sentiremos y estaremos espiritualmente empleados.
Existen dos grandes categorías de este tipo de empleo. La primera es abrir nuestro corazón con alegría a la naturaleza de Dios. La Ciencia Cristiana revela muchos sinónimos de Dios, incluidos siete que son especialmente útiles: Amor, Vida, Verdad, Espíritu, Alma, Mente y Principio. Tomar conciencia de la presencia y el poder de Dios al profundizar el significado que tiene cualquiera de estos sinónimos para nuestras vidas nunca nos deja donde nos encontró. Por ejemplo, ser conscientes de la presencia constante del Amor infinito nos muestra que somos inseparables de la ilimitada fuente del bien que revela nuestro propósito de glorificar a Dios y satisface todas nuestras necesidades, incluida nuestra necesidad de pagar las cuentas.
La segunda categoría es dejar que la Verdad nos motive a examinarnos con la necesaria amplitud de miras como para dejar que el Cristo nos transforme. El Cristo es la verdadera idea de Dios, que también revela nuestra verdadera naturaleza como expresión espiritual de Dios. Esta visión irradia una luz gloriosa que nos muestra nuestra verdadera identidad espiritual. No obstante, por su propia naturaleza, el Cristo, la Verdad, también expone lo que no es semejante a Dios y, por lo tanto, es irreal (aunque parezca real), al indicar nuestra necesidad de reforma. Persistir en imbuirse de la verdadera idea de nuestra naturaleza disipa cualquier concepto equivocado que hayamos adoptado por ignorancia o deliberadamente.
La Descubridora de la Ciencia Cristiana, Mary Baker Eddy, no anduvo con rodeos al explicar cuán indispensable es este conocimiento de uno mismo que el Cristo revela y la necesidad de abandonar voluntariamente lo falso por lo verdadero. En un discurso dirigido a los primeros estudiantes de la Ciencia Cristiana, describe cómo es el falso sentido de nosotros mismos y la reforma necesaria: “La ignorancia de sí mismo, la obstinación, la justificación propia, la lujuria, la codicia, la envidia y la venganza, son enemigos de la gracia, la paz y el progreso; deben ser enfrentados resueltamente y vencidos, de lo contrario desarraigarán toda felicidad”.
Pero también nos asegura que Dios está con nosotros cuando honestamente nos esforzamos por alejarnos de cualquier sentido equivocado de nosotros mismos. Continúa diciendo: “Tened buen ánimo; la lucha con uno mismo es grandiosa; nos da bastante empleo, y el Principio divino obra con nosotros —y la obediencia corona el esfuerzo persistente con la victoria eterna” (Escritos Misceláneos 1883-1896, pág. 118).
Este trabajo espiritual —de ganar victorias invaluables en nuestra guerra contra la falsa percepción de nosotros mismos de que somos materiales— es la obra más fructífera que podemos emprender. Por nuestro propio bien y por el bien de quienes están cerca y lejos y a quienes deseamos ver bendecidos, cada paso para superar el yo mediante la luz del Cristo está disminuyendo la oscuridad en la consciencia colectiva humana.
Debido a la capacidad que Dios nos ha dado para hacer este trabajo, jamás tenemos que estar de acuerdo con la idea de que estamos desempleados, aunque nuestras circunstancias actuales estén aumentando las cifras de desempleo. La tentación podría ser considerar que la tarea espiritual de estar más conscientes de Dios y reformar nuestro carácter nos distrae de la búsqueda de empleo. No obstante, no hay mejor forma de abrir nuestros ojos a las oportunidades que requieren a la persona tan única que somos, y a esas características que necesitan reforma y podrían impedirnos —a nosotros y a otros— reconocerlas. No hay mejor manera de prepararnos para cualesquiera de las nuevas oportunidades que surgirán.
A medida que nos dedicamos a la sagrada labor de la investigación, la visión, el crecimiento y la práctica espirituales —ya sea que tengamos un empleo, lo busquemos activamente o estemos jubilados— podemos envolver en nuestros pensamientos a todos los que están desempleados, sabiendo que Dios no ve así a nadie. Lo que el Amor ve va más allá incluso de nuestros honestos esfuerzos por espiritualizar nuestro pensamiento y cristianizar nuestras vidas. Dios nos ve como plenamente comprometidos en ser lo que siempre hemos sido como la hija o hijo completo y sin adulterar del Espíritu. Esta identidad verdadera es la espiritualidad que refleja radiantemente a nuestro Padre-Madre, Dios; y reconocer que esta es nuestra única identidad tiene un impacto sanador en lo que hacemos y en cómo se satisfacen nuestras necesidades.
Dios es nuestro jefe en esta obra sagrada, y los beneficiarios son nuestros seres queridos y cercanos, los miembros de la iglesia, nuestra comunidad y nuestra familia global. ¡Así que nuestra bandeja de entrada siempre está llena! Y nuestra bandeja de salida rebosa con la alegría de la luz y la vida espirituales percibidas y con vidas tocadas, elevadas, incluso sanadas.
Cristo Jesús mantuvo la elevada norma de la naturaleza imparable del empleo espiritual cuando los líderes religiosos lo criticaron por sanar un sábado. Dijo: “Mi Padre hasta ahora trabaja, y yo trabajo” (Juan 5:17). Cada hecho espiritual que ejemplificó Jesús también es cierto para nosotros. Tenemos una utilidad irreprimible como reflejo de Dios. Esto, a su vez, nos da la base para ver más allá de la creencia, por persistente que sea, de que podemos ser menos que la expresión indispensable y siempre activa de Dios.
Si la ley religiosa ritualista de la época de Jesús no pudo impedirle que reflejara el amor de Dios en la actividad perpetua y correcta, entonces nosotros también podemos enfrentar cualquier obstáculo aparente para ocuparnos en los negocios de nuestro Padre, en cualquiera que sea nuestro trabajo legítimo actual. Podemos saber que, puesto que cada uno de nosotros siempre es testigo y evidencia de Dios, nuestro empleo espiritual fiel, fructífero, ininterrumpido e incesantemente satisfactorio siempre tendrá su expresión correcta en nuestra experiencia diaria —y momento a momento—.
Tony Lobl, Redactor en Jefe Adjunto
