
Relatos de curación
Antes de conocer la Ciencia Cristiana llegué a sentirme cada vez más perpleja y confusa en mi búsqueda de la verdad. A veces pasaba horas tratando de comprender el significado y la naturaleza de la vida, pero no podía llegar a ninguna conclusión satisfactoria.
Las palabras del Salmista: “Bendice, alma mía, a Jehová, y no olvides ninguno de sus beneficios”, con frecuencia han movido a mi corazón a sentir gratitud, y ahora me impulsan a dar este tardío testimonio por las bendiciones que recibí de la Ciencia Cristiana durante mi propia educación y la crianza de mis hijos. Recuerdo vivamente una temprana curación que tuve por medio de la Ciencia Cristiana.
Un viernes por la tarde, la mayoría de los niños en nuestro conjunto de departamentos estaba jugando en la calle. Mi hija estaba montando en bicicleta, y uno de los chicos la tiró al suelo.
Los labios callan y el corazón habla cuando recuerdo las bendiciones que he recibido mediante el estudio de la Ciencia Cristiana Christian Science (crischan sáiens) . “Si [las] enumero, se multiplican más que la arena” (Salmos).
Cuando conocí la Ciencia Cristiana, estaba sola, apartada y pobremente educada. Los privilegios, oportunidades, amor y alegría que parecían venir tan naturalmente a otros me habían esquivado completamente desde mi temprana niñez.
Oí hablar de la Ciencia Cristiana hace muchos años. En ese tiempo asistí pocas veces a una iglesia filial y obtuve un ejemplar de Ciencia y Salud por la Sra.
Cuando tenía alrededor de veinte años, quería conocer más acerca de Dios. Mi padre no podía contestar todas mis preguntas, pero hizo arreglos para que un profesor de religión me instruyera.
Comparto este testimonio con la esperanza de que el mismo pueda ofrecer algún consuelo y curación a otro que esté luchando como lo hice yo. Similares testimonios y artículos de las publicaciones periódicas de la Ciencia Cristiana Christian Science (crischan sáiens) me han dado valor en tiempos de necesidad.
Hace algunos años me mudé a una ciudad del sudoeste de los Estados Unidos. Cuando llegué me sentía dolorida, enferma y muy asustada.
Lo que me atrajo al principio a la Ciencia Cristiana fue una curación que tuvo mi padre. Durante la depresión en la década de 1930, el negocio que mi hermano y yo administrábamos estaba con problemas financieros y nos dijeron que la Ciencia Cristiana podría ayudarnos.