
Relatos de curación
¡Qué agradecida estoy por tener la Ciencia Cristiana! Es realmente mi manera de vivir. Recientemente, mi esposo y yo tuvimos la oportunidad de comprobar la eficacia del tratamiento mediante la Ciencia Cristiana cuando nació nuestra segunda hija.
Me siento feliz al dar testimonio de lo eficaz que es la Ciencia Cristiana en la curación. En 1968, yo era un estanciero dedicado al ganado y cereales en Idaho.
En 1979, nos mudamos a una nueva casa. Varios meses después, mi esposa me rogó que orara por nuestro hogar.
Nací en Estambul, Turquía, y de adulta emigré a los Estados Unidos. En ese entonces, vivía en la ciudad de Nueva York, y sufría severos ataques de asma.
Mi corazón rebosa de gratitud por una lección que aprendí sobre relaciones humanas, una lección que nunca hubiera aprendido sin las enseñanzas de la Ciencia Cristiana para guiarme. Siento que puede haber personas que se beneficiarán con mi testimonio, y por eso lo ofrezco afectuosamente.
Cuando encontré la Ciencia Cristiana hace más de cinco años, la vida por cierto me parecía oscura. Vivía sola, con una entrada que apenas me alcanzaba para subsistir, y tenía pocas amistades.
“Rodeado estoy de Amor y de bondad”. Estas palabras del Himno N.
“Alégrense todos los que en ti confían; den voces de júbilo para siempre” (Salmo 5:11). Otro Salmo entona el mismo canto de gratitud: “En tu nombre se alegrará todo el día, y en tu justicia será enaltecido” (89:16).
Esta es la forma en que hago pública mi gratitud para dar a conocer, en parte y algo tarde, lo que la Ciencia Cristiana ha hecho por mí. Agradezco a Dios que mis padres conocieron la Ciencia Cristiana, y tenían cierto conocimiento de ella antes que yo naciera.
Escribo para expresar mucha gratitud a Dios por la Ciencia Cristiana Christian Science (crischan sáiens) . Por medio de mi comprensión de estas enseñanzas, me sobrepuse al temor durante un severo desafío, y, como resultado, tuve una maravillosa curación.