
Relatos de curación
Nuestro curso en la vida depende de si nos hemos apoyado en la materia o en el Espíritu, Dios, para determinar nuestro camino. La Biblia ofrece un consejo firme sobre este asunto: “Reconócelo [a Dios] en todos tus caminos, y él enderezará tus veredas” (Proverbios 3:6).
La primera vez que oí hablar de la Ciencia Cristiana Christian Science (crischan sáiens) fue cuando mi profesora de inglés nos habló en la clase acerca de su hijo. Él había estado por un largo tiempo enfermo y postrado en cama, y a los doctores no les era posible ayudarlo.
Una tarde, mientras podaba las ramas de un árbol muy alto, me caí. El golpe fue tan fuerte que un vecino gritó: “¿Qué pasó?” Yo respondí: “¡Nada!” Esta declaración fue el comienzo de mi enfoque espiritualizado acerca de la situación.
Hace muchos años, seis meses después del nacimiento de nuestro segundo hijo, un médico me dijo que tendría que permanecer bajo medicación por el resto de mi vida. En ese entonces ya estaba cansada de tomar píldoras tres o cuatro veces al día.
Antes de jubilarme, trabajaba en una fábrica preparando sustancias químicas relacionadas con la fotografía. En una ocasión estaba agregando ácido sulfúrico a un líquido hirviendo, y la mezcla inesperadamente me saltó a la cara.
Hace más o menos veinte años sufrí por algun tiempo de abscesos dolorosos en ambos oídos. Los tratamientos médicos no me habían mejorado.
Un día en que mis dos hijos menores estaban jugando afuera, el mayor de ellos fue lastimado. Fui hacia mi hijo y lo abracé.
Hace veinticuatro años supe de la Ciencia Cristiana Christian Science (crischan sáiens) mediante un amigo. Me prestó un ejemplar de Ciencia y Salud con Clave de las Escrituras por Mary Baker Eddy cuando mi esposo se encontraba sufriendo de reumatismo desde hacía dos meses.
La Ciencia Cristiana llegó a mi vida por primera vez cuando mi madre sanó de cáncer intestinal. Esta curación causó tal impacto en nuestra familia de siete personas que todos empezamos a asistir a la Iglesia de Cristo, Científico.
A la edad de ocho años, me caí sobre el pavimento y me rompí uno de los dientes delanteros de la segunda dentición. Mi madre reaccionó con mucha calma frente a esa situación.