
Relatos de curación
Después de haberme casado fui a vivir en una zona semitropical. A menudo íbamos a nadar y disfrutábamos participando en otros deportes acuáticos.
Nunca podré estar lo suficientemente agradecida por todos los pasos divinamente guiados que me condujeron a la Ciencia Cristiana. Me casé con un hombre cuyos familiares eran Científicos Cristianos, pero mi esposo no estaba afiliado a la iglesia.
¡Qué diferencia hay entre el ignorar una dificultad y el sanarla por medio de la oración en la Ciencia Cristiana! Claramente pudimos ver esto cuando una niñita de nuestra familia comenzó a mostrar evidencia leve de una enfermedad de la piel. Por varias semanas el asunto parecía mínimo, pero se fue empeorando hasta que la condición pareció ser tiña.
Al acercarme a la adolescencia, me vi afligido con una enfermedad que los médicos diagnosticaron como epilepsia. Mi papá, que no pertenecía a ninguna religión determinada, gastó muchos miles de dólares en tratamientos médicos y en especialistas para descubrir la causa y curación de esta enfermedad.
Ofrezco mi testimonio con la esperanza de que otros sean bendecidos como yo lo he sido. Hace poco tuve que hacer frente a una condición de los riñones conocida como enuresis.
De joven, durante unos nueve años tuve que guardar cama muy a menudo debido a un violento tipo de asma y a una condición nerviosa. Todos los métodos médicos de curación habían fracasado, incluso hasta una visita a especialistas alemanes en el extranjero.
A una temprana edad, comencé a leer y ver con regularidad material pornográfico. Aunque educado en un hogar de Científicos Cristianos, en ese tiempo no veía ningún mal en esa actividad.
Mi esposa estuvo durante un año recluida en un sanatorio bajo tratamiento médico, y su condición era muy alarmante. Prácticamente había perdido los sentidos del gusto y el oído, y sufría de grandes convulsiones.
Hace algunos años perdí a una amiga muy querida y a dos conocidos a quien apreciaba. En cada caso, la causa del fallecimiento fue diagnosticada como cáncer.
Un verano, mientras ponía cosas en mi automóvil para ir a la universidad, comencé a tener una hemorragia interna. Un miembro de mi familia me recordó que ella había sufrido el mismo problema unas cuantas veces y le había sido necesario hospitalizarse.