
Relatos de curación
Hace aproximadamente ocho años sentí el sincero deseo de compartir el libro Ciencia y Salud con Clave de las Escrituras por Mary Baker Eddy con alguien que lo necesitara. Oré muy especialmente para que así sucediera, pero el tiempo pasaba, y ya varias personas por distintos motivos NO se lo habían llevado.
Mi hijo tiene hoy 9 años de edad. Todos lo que lo conocen, incluso los maestros de la Escuela Dominical, me hablan muy bien de él y me hacen sentir muy feliz y hasta orgullosa.
Hace un par de años, me apareció un pequeño crecimiento junto a la nariz, sin embargo, no le presté mucha atención hasta que comenzó a crecer de tamaño. Oré por ello y también le pedí a un practicista de la Christian Science que me ayudara a orar por él.
Hace casi 20 años me diagnosticaron síndrome de fatiga crónica, también conocido como fibromialgia. Pasé muchos años buscando alivio del dolor y de los desgarradores síntomas propios de esta enfermedad.
Cuando conocí la Christian Science fue amor a primera vista. Lo que leía era muy lógico.
Hace 40 años, empezó mi búsqueda de una vida más feliz, libre de siete males que acarreaba pesadamente. Desde úlceras y desórdenes gastrointestinales, a dolores de hueso y de columna, desde el sistema nervioso alterado, a depresión y ansiedad constantes.
No hace mucho, noté que se me adormecían las piernas desde las rodillas hasta la planta de los pies, pero no le di importancia y seguí haciendo mi vida normal. Sin embargo, esas molestias fueron acrecentándose al punto de impedirme caminar.
Hace dos años mi esposo y yo estábamos pasando unas vacaciones en un departamento junto al mar. Nos gustaba mucho dar largas caminatas y disfrutar de la paz y la belleza que nos rodeaba.
La primera vez que comencé a leer Ciencia y Salud no me encontraba en la mejor actitud para aceptar sus ideas. Pensaba que Dios me había olvidado.
Afines del año 1996, fui despedido de la compañía en la que trabajé por más de 26 años. Si bien recibí los beneficios que otorga la ley y una adecuada compensación económica adicional, el golpe emocional fue muy difícil de superar en un comienzo.