Cuando el autor del tercer capítulo del libro del Génesis comparó el mal con una serpiente parlante, demostró que a él no le cabía duda de que el mal siempre presenta sus argumentos por medio de las sugestiones, pues esta es su única vía de acceso al pensamiento humano. Una vez que aprendamos a acallar las sugestiones negativas del mal, en la conciencia propia, con las ideas positivas de Dios, o el bien, habremos emprendido nuestra carrera hacia la salud, la felicidad y la inmortalidad.
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