En 1965, antes de ser estudiante de Ciencia Cristiana, un dentista me dijo que padecía de piorrea y que perdería los dientes para cuando cumpliera los cuarenta años. Me dijo que la piorrea era incurable y me dio un medicamento para que lo tomara, y dijo que al menos retardaría la enfermedad. Mi madre y mi abuela habían perdido los dientes debido a esa enfermedad, y ahora parecía que a mí me pasaría lo mismo.
Al año siguiente supe de la Ciencia Cristiana. Después de leer Ciencia y Salud por la Sra. Eddy por poco tiempo, dejé de depender de las medicinas. Junto con mi estudio de la Biblia y Ciencia y Salud, oré, afirmando con convicción que mi verdadera naturaleza era enteramente espiritual. El reconocimiento de esto me ayudó a comprender que ninguna creencia en cuanto a quijadas o encías, ni supuestas leyes de herencia, incurabilidad, edad, deterioro o enfermedad, podrían tener relación alguna con mi establecida perfección espiritual. Comprendí que la ley de Dios de perfección era todo lo que realmente me había estado gobernando.
Muchas veces durante los catorce años siguientes, tuve que orar diligentemente para vencer el temor de perder mis dientes. (Otro testimonio anterior en el que relaté curaciones que tuvo nuestra familia de otros problemas dentales apareció en una edición del Christian Science Sentinel del año 1974.)
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