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El recorrido del Cristo

Del número de diciembre de 1983 de El Heraldo de la Ciencia Cristiana

The Christian Science Monitor


Hay un recorrer progresivo del Cristo. Es como una fresca brisa que viene del océano y como un águila que recorre los cielos; pero éstas sólo recorren el espacio. Este recorrido del Cristo cruza también el tiempo. A través de este recorrer, el Cristo — la idea inmortal de Dios — llega a nosotros. Nos llega de forma decisiva, triunfante, sanadora. (Y por Cristo queremos decir la Verdad eterna que el hombre Jesús representó y demostró; la divina idea cuyo poder él ejerció durante los años de su ministerio sanador y que siempre ha sido una activa presencia.)

No es una equivocación que Moisés, hace más de 3.000 años, cuando se enfrentó a una mano leprosa, pudo verla curada. Ver Éx. 4:6, 7. El Cristo estaba allí. No es una equivocación que Pedro, después que Jesús ascendió, aún pudo decir a un hombre cojo: “En el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y anda”, Hechos 3:6. y que éste lo hiciera. El Cristo estaba allí. No es una equivocación que, más recientemente, cuando me vi frente a los síntomas de influenza, pude sentir la presencia la idea inmortal de la Verdad, el Cristo, y pude hacer desaparecer los síntomas.

Llega hasta la época actual. El Cristo — la idea inmortal que viene de Dios, que viene a usted — está aquí. Ahora. En todo su poder. Un poder que puede curarle de la enfermedad. Una presencia que, cuando es entendida, puede aplicarse a toda una gama de problemas y ayudar a resolverlos. Es un poder, o presencia siempre activa, que está siempre disponible, pero que simplemente ha sido resistido en demasiadas oportunidades. El responder a este poder del Cristo exige un entendimiento claro, la voluntad y el deseo de aceptar la verdad de Dios. Ésta es la parte que usted y yo debemos jugar: comprender y obtener este entendimiento espiritual. Es un entendimiento y deseo que, cuando somos receptivos, se filtra y penetra el tejido mismo de nuestra vida y nos mueve a pensar y a vivir sobre una base más alta, más pura. Y a echar de nuestra vida las cosas que son sensuales, equívocas, egoístas.

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