Cuando mamá o papá nos abrazan, sabemos que nos aman y nos sentimos felices y a salvo.
Ahora bien, Dios es nuestro verdadero Padre-Madre, y Él es Amor. Por tanto, Él nos ama, y Sus brazos siempre nos rodean y nos mantienen a salvo y felices.
No vemos Sus brazos, porque no son “brazos de un cuerpo”, sino “brazos de amor”. Si fueran “brazos de un cuerpo” Él no podría abrazar a todos Sus hijos al mismo tiempo. Pero como son brazos del Amor, Él siempre puede abrazar a todos.