Antes que el mundo fuese, el Cristo era. Y después de que el mundo termine, el Cristo aún será. El Cristo es la idea eterna y espiritual de Dios. Pero el Cristo se percibe más fácilmente en términos de lo que hace por el mundo.
Desde los primeros tiempos bíblicos, aquellos que eran devotos tuvieron vislumbres del Mesías, o el Cristo, el ungido de Dios, y profetizaron su aparecimiento en la carne. En el Antiguo Testamento se hace referencia al Cristo, y de vez en cuando es demostrado mediante obras sanadoras, como salvador, redentor, el Sol de justicia [que] en sus alas traerá salvación. Más tarde, Cristo Jesús se refirió a sus innumerables obras salvadoras, redentoras y sanadoras, para identificarse como el ungido, que manifiesta el Cristo en la carne.
Por supuesto, el Cristo manifiesto en la carne jamás fue todo lo que se refiere al Cristo. Jesús dio muestras de esto cuando, casi al final de su experiencia humana, oró: “Padre, glorifícame tú al lado tuyo, con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese”. Juan 17:5. Pero debido a que Jesús ejemplificó el Cristo para todas las épocas, se infiere que el obedecer sus preceptos y emular su ejemplo, indica la manera obvia de comprender lo que es el Cristo.
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