Hace Dos Años, en un sembrado de calabazas me picaron unas abejas que se me metieron dentro de la camisa. Fui al automóvil con mi mamá, quien las quitó de la camisa. Ella me dijo que si dejaba de llorar, a pesar de que las picaduras me dolían, podría entonces escuchar los pensamientos de Dios. Hablamos sobre cómo las criaturas de Dios no pueden hacerse daño unas a otras.
Mi mamá y mi papá oraron por mí en el automóvil mientras íbamos a un restaurante a almorzar. Dejé de llorar y me puse a escuchar a Dios. Sabía que El estaba cuidándome y que yo estaba bien. Cuando llegamos al restaurante, el dolor había cesado y yo estaba contento. Esa noche cuando me acosté, no vimos ninguna marca de las picaduras. Toda mi familia estaba agradecida porque habíamos visto la protección de Dios, ¡especialmente yo!
Dayton, Ohio, E.U.A.
Iniciar sesión para ver esta página
Para tener acceso total a los Heraldos, active una cuenta usando su suscripción impresa del Heraldo ¡o suscríbase hoy a JSH-Online!