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"La música es mi vida”

Del número de diciembre de 2000 de El Heraldo de la Ciencia Cristiana


El Heraldo entrevistó a quien hace unos años vino con su familia de Moldova, a vivir a los Estados Unidos. Actualmente, está haciendo sus estudios de postgrado en la Juilliard School of Music en Nueva York, donde tiene una beca completa.

Heraldo: Milana, ¿cuánto hace que estás con tu familia en los Estados Unidos?

MS: Llegamos hace seis años y nos establecimos en Sarasota, Florida. Dos años después, me mudé a Nueva York para asistir a The Juilliard School. En mayo de este año obtuve mi título en piano, y ahora estoy haciendo mi maestría. Toda mi familia está dedicada a la música. Mi padre toca el clarinete. Durante veinte años, fue el principal clarinetista de la Opera de Moldova. Mi madre fue prima donna en la misma Opera y cantó por toda Rusia y Europa. Cuando nos vinimos a los Estados Undios decidimos formar un trío familiar, piano, voz y clarinete, que nos pareció muy natural empezar.

Heraldo: Y tú eres la pianista del trío. ¿Cómo decidiste estudiar piano?

MS: Creo que lo decidieron por mí cuando yo era chica. Mi padre dice que cuando yo tenía cuatro o cinco años quería tocar el piano. Lo que recuerdo es que él era muy estricto conmigo y me hacía practicar la mayor parte del tiempo. Se necesitaba mucha disciplina para hacerlo, pero ahora la música es mi profesión, y me encanta. Fue maravilloso que mis padres reconocieran mi talento y me apoyaran. Y fueron leales a ello durante todos estos años.

Heraldo: Acabas de mencionar la palabra disciplina, o sea, las horas de práctica que tuviste que dedicarle, mientras otros iban al cine o hacían otras cosas. ¿Valió la pena todo ese esfuerzo?

MS: Por supuesto, la música es mi vida. Es trabajo y diversión al mismo tiempo. Y cuando das un concierto recibes tu recompensa de una manera maravillosa, porque ves que la gente disfruta de la música y se siente inspirada. Es ahí cuando te das cuenta de que valió la pena todo ese trabajo y estudio.

Heraldo: ¿Cómo conociste la Christian Science?

MS: La conocí a través de un amigo de nuestra familia. Lo invitamos varias veces a cenar a casa. Y en una de esas cenas, mi padre le preguntó a qué iglesia iba, porque la perspectiva de la vida que tenía nuestro amigo era muy interesante y genuina, y nos intrigaba mucho. Nos dijo que era Científico Cristiano y nos dio un ejemplar de Ciencia y Salud en ruso. Mis padres se interesaron mucho. Por mi parte, hacía un tiempo que creía en Cristo, pero nunca había oído hablar de la Christian Science.

Heraldo: Pero conocías la Biblia, ¿no es cierto?

MS: Sí. Leía la Biblia regularmente. Pero después que empecé a asistir a la Escuela Dominical de la Christian Science, algunas cosas de la Biblia se volvieron más claras e interesantes para mí. Tuve una gran maestra en la Escuela Dominical, y estoy muy agradecida por ello.

Heraldo: ¿Te ayudó la Christian Science en tus estudios de música?

MS: Todo Científico Cristiano tiene que estudiar con diligencia la Biblia y ser fiel a ella. Ocurre lo mismo con la música, tienes que estudiar. Tienes que estudiar cada pieza con mucha diligencia, y ser leal a la música que tocas. Ser leal a ti mismo, significa no robar las ideas de otra gente, sino expresar lo que tienes dentro. Y esa expresión proviene de Dios. Tan pronto recurro a Dios, me doy cuenta de que soy un medio para expresar algo hermoso que viene de Él. Todo cambia de inmediato; la manera de tocar la música, la manera en que la gente me percibe...

Heraldo: Siento que obtienes la energía de tu oración. Energía para tocar, energía para practicar...

MS: Como dije antes, todo cambia tan pronto vuelvo mis pensamientos a Dios. Y cambia para bien. Porque ante la presencia de Dios todo es posible. Ya no tienes ningún temor.

Heraldo: Cuando dices que recurres a Dios, ¿qué está ocurriendo en tu conciencia?

MS: Tengo ideales muy elevados, normas muy elevadas. Y cuando me vuelvo a Dios, comprendo que no estoy limitada por mis experiencias. Percibo que hay algo mucho más elevado, mucho mejor, y me esfuerzo por alcanzarlo. Esto me ayuda mucho. Tengo este modelo perfecto de música, esta perspectiva de la grandeza y perfección absolutas. A veces, cuando me presento a una audición, me siento muy desalentada. Este año la competición fue tan difícil que tenía miedo de tocar, pero entonces me di cuenta de que si tenía miedo, nada bueno iba a ocurrir. Entonces me puse a orar.

Heraldo: ¿Qué pensamientos te ayudaron?

Comprendí que en el reino de Dios no hay competencia

MS: Estaba muy asustada con la competición porque sabía que varias personas que estaban participando en la audición eran muy buenas pianistas. Habían ganado todo tipo de competiciones internacionales. Pero cuando me puse a leer la descripción de "hombre" en Ciencia y Salud, aprendí que el logro no proviene de nosotros. Comprendí que Dios está guiándonos, cuidando de todo, y que yo no tenía que preocuparme del resultado. Para Dios no hay imposibles. Sentí que iba a ocurrir lo que fuera apropiado para mí. En el reino de Dios no hay competencia. Uno compite únicamente con uno mismo, y uno debe tratar de expresar solamente los talentos que tiene, que provienen de Dios, y el gozo de participar. Este es el aspecto más importante. Siempre que sientes con agrado dar libremente del don que tienes, como Dios te lo dio a ti, todo va a salir perfecto.

Heraldo: ¿Cuál consideras que es la misión de tu trabajo? ¿Qué quieres transmirles a la gente cuando tocas?

MS: Cuando siento que Dios está conmigo, todo lo que hago se relaciona con Él. ¡El amor es Dios! Cuando estoy con Dios, todo tiene que ver con Dios, todo. Toda mi práctica y mi carrera está dedicada a Dios. Quiero que la gente sienta el gran amor que siento por lo que hago y por Dios. Y quiero que la gente comprenda lo hermoso que es cuando uno ya no es atraído por lo que es de mal gusto y por el odio, sino que es atraído por la espiritualidad, por una belleza que puede elevar la norma de vida a todos. Esa es mi meta final.

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