¿Tiene vasijas más pequeñas?
-¿Cómo dijo?
-Si tiene vasijas más pequeñas.
Vasijas grabadas en miniatura, escenas domésticas de campesinos, vajillas de mesa y otras piezas de cerámica negra ocupaban una rústica mesita al borde del camino.
Alguien más pidió algo y la señora que vendía preguntó de nuevo:
-¿Cómo?
-Que si tiene otra figura un poco más grande, como ésta, de la madre con su hija.
Éramos un grupo de estudiantes universitarios que llegamos a la entrada de este pueblito solitario, erigido sobre la ladera de Sierra Grande, en Córdoba, Argentina. Sierra Grande está al noroeste de la provincia de Córdoba en Argentina. La Pampa de Achala está a unos 2100 metros de altura, y es conocida por los que estudian la vida de los cóndores.
Cada vez que hacíamos una pregunta, la señora pedía que se la repitiéramos. Eso le daba tiempo para pensar en lo que ya habíamos preguntado y luego poder darnos una respuesta.
Claro, tenía que adaptarse a nuestro ritmo. Nosotros veníamos de la gran ciudad donde vivimos a ritmo acelerado: hablamos rápido, caminamos ligero y almorzamos parados.
Pero allí es diferente. Allí la gente se toma el tiempo para escuchar y entender, sin preocuparles qué digan los que en la ciudad viven "más rápido". Allí la gente tiene muy pocas cosas que los hagan apurar. Tienen un ritmo de vida en armonía con la naturaleza que los rodea. Podrían pasar largos momentos escuchando a los pájaros comunicarse entre sí a la distancia; escuchando al viento escurrirse entre los árboles y las casas; escuchando los chasquidos de la leña encendida en el fogón de la cocina. Y en medio de esos sonidos apacibles, se inspiran y se toman el tiempo para pensar y modelar sus maravillosas piezas en cerámica negra.
Hubo grandes artistas e inventores que también se tomaban el tiempo para escuchar y pensar. Expectantes. Dejando que la inspiración les presentara ideas nuevas. Leonardo da Vinci, por ejemplo, cuando salía a caminar, llevaba consigo un pequeño librito de notas que aseguraba en el cinturón. Eran tantas las ideas que le venían, que no quería perderlas. Las desarrolló luego en el campo de la pintura, la escultura, la ingeniería y la arquitectura. Fueron el resultado de su inspirada manera de observar la naturaleza. Saper vedere (saber ver) era uno de sus lemas.
Otro investigador notable del siglo XVII, Johannes Kepler, también debe haber dedicado bastante tiempo para escuchar y pensar. Kepler descubrió las leyes que gobiernan las órbitas de los planetas, además de haber investigado en el campo de la óptica y las matemáticas. Hay también evidencia de que tenía presente a Dios en muchas de sus investigaciones. En un libro, refiriéndose a un aspecto de su labor en las matemáticas, escribió: "Sin duda, el significado verdadero de estos números existe en la mente de Dios, el Creador, y son parte de Su eternidad".The Six-cornered Snow-flake, Oxford: Clarendon Press, 1966. Esto que dijo, ¿no está lleno de maravilla?
Hoy, cada vez más la gente se toma el tiempo para escuchar espiritualmente, para discernir lo que Dios tiene para ofrecerles. Lo hacen porque les trae inspiración, les muestra posibilidades que antes no veían, los hace conscientes de ideas que pueden poner en práctica en su vida.
Pero, ¿cómo podemos ser receptivos a nuevas ideas para prosperar, para crecer espiritualmente, para sanar? Mary Baker Eddy señala en qué dirección mirar para encontrarlas, cuando dice: "La metafísica, no la física, nos capacita para mantenernos erguidos en alturas sublimes, contemplando el inmensurable universo de la Mente, escudriñando la causa que gobierna todo efecto, mientras nos mantenemos fuertes en la unidad de Dios y el hombre".Escritos Misceláneos, pág. 369.
Estar inspirado espiritualmente, —sentir a Dios muy cerca nuestro y estar pendiente de lo que tiene para decirnos— es como caminar al borde de un horizonte donde constantemente despuntan ideas. Esta inspiración nos hace estar a la expectativa de lo maravilloso, como lo está un niño cuando camina por primera vez en la playa, y se maravilla de los caparazones de caracoles; le llama la atención las burbujas en la arena; se admira de la espuma que dejan las olas, y quiere ver más.
La inspiración espiritual nos hace estar a la expectativa de lo maravilloso.
En cierta medida, pude ver el nivel práctico de las "alturas sublimes" a las que se refiere el texto mencionado arriba. Hace algunos años fui contratado por una empresa extranjera para ocuparme de la producción de una planta que confeccionaba una conocida marca de jeans. Una de mis responsabilidades era mejorar el control de prendas en proceso.
Pero el problema a resolver envolvía a un número de personas que me conocían poco y nada. Y eso me hacía sentir como pescado de visita en la pecera del vecino.
Me di cuenta de que, más importante que presentar una solución técnica, era obtener una visión más llena de amor y compasión por la gente con quien trabajaba. Me tomé el tiempo para escuchar los pensamientos que vienen de Dios; su continuo ir y venir es como olas deslizándose por la arena. Y el amor de Dios me hizo ver cuán dignos de respeto y afecto eran todos esos trabajadores. Eso fue sumamente importante.
Dios, con Sus leyes de amor, gobierna a Su creación. Y no podemos salir fuera de su órbita de influencia: es omnipresente. De modo que el proceso y finalización de mi tarea no tenía una órbita personal, limitada; estaba bajo la órbita del gobierno de Dios. Asimismo, no sólo yo sino todos en la fábrica estábamos bajo Sus leyes, y Él nos mantenía "erguidos en alturas sublimes, contemplando el inmensurable universo de la Mente". Todos teníamos la misma capacidad para ver y obedecer las ideas maravillosas de Dios.
Esto me llenó de inspiración y me preparó para esperar los mejores resultados de la tarea que tenía por delante. Era como estar de pie al borde de un acantilado, a la expectativa de una inminente salida del sol.
Al poco tiempo me vino la idea de desarrollar un código en los dígitos que identificaban cada lote de prendas en proceso, con información sobre la historia de todas las partes que componían el lote. Finalmente la idea se implementó, el control mejoró visiblemente y las relaciones con todo el personal se mantuvieron en armonía.
¡Cuántas ideas bellas y útiles aguardan al que se toma el tiempo de prestar atención a lo que Dios tiene para mostrarle! Algunos han divisado, en un horizonte de posibilidades, ideas para modelar cerámica. Otros han puesto por escrito las leyes del movimiento planetario. Lo cierto es que todos podemos escuchar lo que Dios, el magnánimo Creador y Dador de ideas espirituales, le habla a nuestro corazón. Preste atención... porque ahora mismo le está hablando a usted. Y de seguro que lo dejará maravillado con Su mensaje de inmensas posibilidades.
¿Se anima a caminar al borde de este horizonte?
