Es fácil sentir que esos cambios, y cosas tales como ser registrados en las terminales de las aerolíneas, afectan la libertad individual. Sin embargo, por momentos me siento muy agradecida por otra clase de libertad: la libertad espiritual que emana de saber que Dios me ama a mí como a todos. Sentir Su amor me da mucha paz mental y confianza en que el bien, fortalecido por el Amor divino, puede prevalecer y prevalece, incluso frente al terrorismo y a la amenaza de la pérdida de libertad.
Pero no es suficiente estar feliz y confiado por la seguridad de uno mismo. El mundo entero necesita ayuda. Y esta ayuda práctica proviene de un compromiso individual y colectivo de producir un impacto positivo en el mundo. ¿Cómo se puede lograr esto? Juntos, todos los pensadores espirituales pueden lanzar un contraataque al terrorismo. Pueden detenerlo con el entendimiento de que Dios está presente junto a cada individuo, guiándolo hacia el bien, y que todos podemos percibir esta guía.
¿Y adónde nos guiará un Amor infinitamente bondadoso? Hacia el amor. Verdaderamente no hay otro camino. El antídoto para el terror es el Amor divino. La cura universal para el odio es el amor de Dios. El odio que comienza y termina con terror, puede ser disminuido, y finalmente detenido, por las personas que están dispuestas a confiar en el poder del Amor divino. En Ciencia y Salud con Clave de las Escrituras, un libro que es realmente capaz de transformar vidas, Mary Baker Eddy escribió: “. ..laboremos por disolver con el solvente universal del Amor la dureza adamantina del error — la obstinación, la justificación propia y el amor propio — que lucha contra la espiritualidad y es la ley del pecado y la muerte”.Ciencia y Salud, pág. 242.
Iniciar sesión para ver esta página
Para tener acceso total a los Heraldos, active una cuenta usando su suscripción impresa del Heraldo ¡o suscríbase hoy a JSH-Online!