¿Has sentido alguna vez conmiseración por otra persona que sufre, y después has empezado tú mismo a sufrir? Quizás se sentía deprimida y tú comenzaste a sentirte deprimido, o estaba enferma, y empezaste a sentirte enfermo. Si es así, es un síntoma de lo que yo llamo sufrimiento empático, que es todo tipo de sufrimiento que uno asume al verlo en otros y pensar que es una realidad. No es algo que temer, sino algo que puede evitarse por medio de la comprensión del amor y cuidado omnipresentes de Dios, los cuales no permiten el sufrimiento de ninguna manera, mucho menos la transferencia de sufrimiento de una persona a otra.
He aprendido que es importante defenderme a mí mismo para no sentir empatía por el sufrimiento de otro. Una vez, mientras viajaba con mi esposa haciendo excursionismo en algunos parques nacionales de los Estados Unidos, durante un día lleno de actividades en familia, tuve un fuerte dolor de cabeza. En el pasado, este tipo de dolencia había desaparecido muy rápido después de orar reconociendo la totalidad y la bondad de Dios. Pero en este caso, el dolor no cedía. Me sentía enfermo, y mi sufrimiento aumentó durante una noche de mucha inquietud.
A la mañana siguiente, mientras luchaba por mantener la serenidad para poder lavar la vajilla del desayuno, oré con fervor en busca de la inspiración divina que rompiera el mesmerismo del sufrimiento en el que me sentía atrapado.
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