Skip to main content Skip to search Skip to header Skip to footer
Original Web

Para jóvenes

¿Cómo puedo encontrar un sentido de propósito?

Del número de agosto de 2020 de El Heraldo de la Ciencia Cristiana

Apareció primero el 15 de junio de 2020 como original para la Web.


P: ¿Cómo puedo encontrar un sentido de propósito cuando no está pasando nada? 

R: Entiendo cómo te sientes. Una vez, fui a visitar a unos familiares a su granja en África del Sur, muy lejos de mi casa. El lugar era muy bello, pero después de un par de semanas comencé a sentirme a la deriva, porque no estaba seguro de qué más podía hacer aparte de caminar alrededor de la granja. Traté de ayudar con el trabajo diario, pero era obvio que realmente no me necesitaban. Quería sentirme valioso y con un propósito, pero no lo lograba.

Lo que sí pude hacer durante ese tiempo fue un proyecto que creé para mí mismo, el cual consistía en leer todos los escritos publicados de Mary Baker Eddy, con excepción de Ciencia y Salud con la Llave de las Escrituras. Mientras leía me encontré con este pasaje: “Como parte activa del único estupendo todo, la bondad identifica al hombre con el bien universal. Que cada miembro de esta iglesia pueda así elevarse por encima de la tan repetida pregunta: ¿Qué soy yo?, a la respuesta científica: Yo soy capaz de impartir verdad, salud y felicidad, y ésta es mi roca de salvación y la razón de mi existencia” (La Primera Iglesia de Cristo, Científico, y Miscelánea, pág. 165). Esto realmente me impactó, porque vi que la capacidad de servir —de ser bueno y hacer el bien— no dependía de ninguna circunstancia externa. El bien, en cambio, es la esencia de lo que cada uno de nosotros es realmente como la imagen y semejanza de Dios. 

Al continuar orando por mi propósito durante ese viaje, me di cuenta de que podía dejar de esforzarme tanto por crear un propósito para mí mismo. Además, no tenía que pedirle a Dios que me diera un propósito. Lo único que tenía que hacer era abrir mis ojos a las oportunidades de “impartir verdad, salud y felicidad”, que ya me habían dado. Sabía que esas oportunidades tenían que estar presentes, porque si Dios nos creó para ser buenos y hacer el bien, entonces nuestra bondad siempre debe ser útil y necesaria; en cierta forma y dondequiera que nos encontremos. La bondad y la oportunidad de expresar esa bondad van de la mano.   

Mientras oraba de esta forma, se me ocurrió que en lugar de volver a ver a mi primo o tío —los administradores y propietarios de la granja— para tratar de encontrar algo que hacer, le podía preguntar a mi tía. Ella sabía que me encantan los caballos y de inmediato me puso en contacto con un instructor que estaba enseñando a andar a caballo a niños con discapacidades de desarrollo. Este resultó ser un arreglo perfecto para todos. Pude realmente colaborar como ayudante, caminando con los niños mientras ellos aprendían a montar. Me sentí muy bendecido de sentir el amor que ellos expresaban al sonreír y sentirse agradecidos por su progreso. 

Esta experiencia me ayudó a ver que mi propósito estaba ya divinamente establecido —me había pertenecido siempre, cualesquiera fueran las circunstancias— y que con ese propósito venían las oportunidades para expresarlo. El punto decisivo se produjo cuando dejé de esperar que “algún día” surgiera la ocasión, y en cambio escuché a Dios para que me guiara hacia la oportunidad que ya se me había dado y estaba presente.

La existencia de nuestro propósito innato no tiene nada que ver con lo que está o no ocurriendo a nuestro alrededor. En cambio, el estar conscientes del propósito que Dios nos ha dado nos permite ver todas las formas en que podemos demostrar cuán bueno es Dios, aquí mismo, ahora mismo. Por ser la expresión individualizada del bien divino, tu propósito está ciertamente incluido en quién eres. Y no importa dónde te encuentres o lo que esté ocurriendo en el mundo, Dios te mostrará cómo puedes vivirlo hoy.

More in this issue / agosto de 2020

La misión de El Heraldo

La explicación divinamente inspirada de la Sra. Eddy sobre la misión de El Heraldo de la Ciencia Cristiana, fundado en 1903, se ha convertido en símbolo de las actividades del movimiento de la Ciencia Cristiana que abarca al mundo. Las palabras de la Sra. Eddy figuran en la inscripción de la cornisa del edificio de La Sociedad Editora de la Ciencia Cristiana: para proclamar la actividad y disponibilidad universales de la verdad. El Heraldo es una expresión tangible del interés de nuestra Guía en compartir con toda la humanidad el inapreciable conocimiento de la Ciencia de la Vida. La Sra. Eddy comprendió que el Consolador había venido “para la sanidad de las naciones”.

Alfred F. Schneider, El Heraldo de la Ciencia Cristiana, número de mayo de 1974

Saber más acerca de El Heraldo y su misión.