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Para jóvenes

Detén el acoso con el amor

De El Heraldo de la Ciencia Cristiana. Publicado en línea - 2 de abril de 2019


P: ¿Cómo puedo orar por el acoso?

R: Me alegra mucho que sepas que la oración es poderosa, y que es un enfoque eficaz para lidiar con el acoso. Esto fue lo que descubrí cuando me vi acosado en mi primer año del bachillerato.

En noveno grado, me anoté en el equipo de natación del bachillerato después de no practicar este deporte por unos años. Estaba un poco fuera de forma, y tampoco tenía muchos amigos entre mis compañeros nadadores. Esto hizo que me resultara difícil encontrar mi lugar en el equipo. Cuando nadaba en el carril de nadadores que tenían la misma habilidad atlética que yo, había algunos chicos en ese carril a quienes les gustaba burlarse de mí y me acosaban durante y después de las prácticas. Cuando buscaba refugiarme de ellos en los carriles menos congestionados y más selectos para nadar, los nadadores más rápidos me pasaban constantemente por encima, porque no tenían mucha paciencia con un compañero de carril que no estaba a la altura de ellos.

Después de luchar durante varias semanas, me vino el pensamiento de darme por vencido. ¿Por qué no renunciar y evitar el doble inconveniente de ponerme en forma y lidiar con el acoso? Pero cuando hablé con mi mamá sobre el problema que estaba teniendo en el equipo, ella me alentó a pensar en lo que estaba aprendiendo en la Escuela Dominical de la Ciencia Cristiana que me pudiera ayudar. Por supuesto, podríamos haber ido a ver al entrenador, pero mi mamá y yo nos sentimos confiados en que orar por la situación podría mantenerme a salvo y ayudar a los chicos que parecían tener la tendencia a ser matones. 

Me vinieron al pensamiento las palabras de Jesús en su Sermón del Monte. Jesús alentó a sus seguidores diciendo: “Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen” (Mateo 5:44). ¿Bendecir e incluso orar por los muchachos que me estaban tratando mal? Esto no iba a ser fácil. Pero también sabía de la Escuela Dominical que Jesús vivía lo que enseñaba. Él enfrentó mucho acoso cuando realizaba su misión sanadora, pero una y otra vez, respondió con amor. Ahora bien, el “amor” podría parecer como una respuesta tonta y debilucha. Pero la vida de Jesús nos muestra que el amor espiritual puro que bendice a un enemigo es poderoso; en realidad derrite el odio.

Así que, lo primero que hice fue bendecir a los chicos que me hacían sentir tan mal, buscando una cualidad buena en cada uno de ellos todos los días. Cuando mamá me pasaba a buscar de la práctica de natación, me preguntaba: “¿Qué cualidad divina viste en fulano hoy?” ¡Debo admitir que esto al principio me resultó muy difícil de hacer! De manera que inicialmente busqué las cualidades más obvias, elogiando su fuerza o habilidad para nadar que yo sabía eran una expresión del Espíritu divino.

Pero lo más asombroso fue que cuanto más me esforzaba por encontrar evidencias de que estos muchachos eran hijos de Dios —espirituales y buenos— más fácil era ver una cualidad de su carácter que era divina. Por ejemplo, la cortesía de permitir que un compañero de equipo fuera adelante en la siguiente serie de vueltas. O tener buen espíritu deportivo cuando alguien lograba su mejor récord. Podríamos decir que comencé a ver las cualidades espirituales que estos chicos siempre habían tenido, pero que antes parecían estar ocultas.

No mucho después, ya no estaba viendo simplemente las cualidades divinas genuinas en cada uno de ellos. Yo ya no era el blanco de su acoso, sino que era en realidad el beneficiario del cambio y la mejoría en su comportamiento. No fue que ellos simplemente encontraron a otro chico para acosar. El acoso desapareció por completo.

Y hubo otro cambio maravilloso que coincidió con mis oraciones por el acoso. Aquel año que estuve en el equipo, los capitanes se pusieron muy firmes en contra de una serie de ritos de iniciación tradicionales dirigidos a los nadadores más jóvenes, y fueron descontinuados totalmente. Emergió un espíritu de equipo más saludable y fuerte, y todos nos beneficiamos.

Si te acosan o estás preocupado por alguien que lo es, es buena idea hablar al respecto con un adulto de confianza —como un maestro de la Escuela Dominical, un padre o madre— que pueda apoyar tus oraciones (y dar los pasos prácticos si es necesario). Y tú siempre puedes pedirle a Dios, el Amor divino, que te dé las ideas correctas que te mantengan a salvo y te ayuden a progresar. Al apoyarte en el Amor, hallarás que necesitas amar incluso a tus “enemigos” con el tipo de amor divino que sana. Las palabras radicales de Jesús muestran que esto es posible, y su vida lo probó.

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Alfred F. Schneider, El Heraldo de la Ciencia Cristiana, número de mayo de 1974

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