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Identidad espiritual, moralidad y amor incondicional

De El Heraldo de la Ciencia Cristiana. Publicado en línea - 8 de agosto de 2019


Las cambiantes opiniones sobre la moralidad sexual a lo largo de las últimas generaciones brindan a los estudiantes de la Ciencia Cristiana la oportunidad de crecer en su comprensión de que la verdadera identidad del hombre (de todos) es espiritual en lugar de física. Así mismo, les brindan la oportunidad de ayudar al mundo a encontrar una mayor estabilidad y salud por medio de sus decisiones morales individuales, amor incondicional y oraciones. Mi propia experiencia me ha enseñado algunas cosas acerca del valor de este enfoque, especialmente la parte acerca del amor incondicional.

Me transformé en abuela a mediados de la década de 1970, cuando mi hija adolescente dio a luz a una niñita. Esto fue un desafío extremadamente grande para mí, porque yo valoraba la norma tradicional de tener relaciones sexuales dentro del matrimonio, lo cual está de acuerdo con la Ciencia Cristiana, y me sentía sumamente triste por la experiencia de nuestra hija. Al mismo tiempo, fueron las enseñanzas de la Ciencia Cristiana las que me capacitaron para enfrentar este desafío con amor; un amor que mantuvo a nuestra familia unida entonces, y que ha fortalecido la coherencia de nuestra familia más y más cada año, lo cual incluye a esa maravillosa nieta.

La moralidad entraña mucho más que relaciones sexuales, pero debido a la suposición tan común de que nuestra identidad básica es física, hoy en día, la conducta sexual con frecuencia se mantiene fuera de las discusiones acerca de la moralidad. Sin embargo, un sentido físico de identidad y sus llamados impulsos y necesidades tienen gran importancia en la vida de todo ser humano, y se destacan en nuestros sentimientos y pensamientos profundos. Y esto afecta la manera cómo nos comportamos, lo que a menudo lleva al egoísmo que no tiene en cuenta los mejores intereses de los demás, y de la sociedad en general.

La religión ha desempeñado un papel importante al establecer las normas morales para la humanidad, y proteger tanto al individuo como a la comunidad elevando los valores espirituales como guías para vivir vidas morales. Pero al no tener una clara comprensión de nuestra identidad espiritual, vivir esos valores se ha dejado grandemente librado a la fuerza de voluntad humana, la cual no se destaca por haber tenido mucho éxito. Por lo tanto, la hipocresía en los ámbitos religiosos, ha alejado a muchas personas de la religión, incluso del concepto de moralidad.

No obstante, los principios básicos de la Biblia —los Diez Mandamientos y el Sermón del Monte— permanecen como las guías inspiradas por Dios para el comportamiento humano. Pero es necesario comprenderlas con más profundidad. Es aquí donde entra la Ciencia divina del cristianismo. A través de ella Dios revela el sentido espiritual de la Biblia, comenzando con la descripción de que el hombre fue creado a imagen y semejanza de Dios, incluidas las cualidades masculinas y femeninas de la existencia espiritual (véase Génesis 1:26, 27).

De modo que, en lugar de comenzar con el sentido material del hombre, y luego ver a Dios como un hombre, la Ciencia Cristiana empieza con la comprensión bíblica de que Dios es el Espíritu divino —Vida, Verdad y Amor— y Su imagen, el hombre, es totalmente espiritual. Este sentido espiritual de Dios —y del hombre como Su semejanza— nos capacita para considerar que los Diez Mandamientos son declaraciones positivas sobre cómo vivir como la expresión misma digna y muy amada de Dios. Y el Sermón del Monte de Jesús revela las cualidades morales y espirituales innatas que nos capacitan para vivir conforme a Sus mandatos; no por medio de la voluntad humana, sino cediendo a la voluntad de Dios, lo cual trae verdadera libertad, alegría y mejor salud.

No obstante, necesitamos crecer en la comprensión espiritual de nuestra verdadera identidad y cómo expresarla de formas prácticas. En este sentido, el libro de texto de la Ciencia Cristiana, Ciencia y Salud con la Llave de las Escrituras, escrito por Mary Baker Eddy, la Descubridora de la Ciencia Cristiana, recomienda lo siguiente: “Emerge suavemente de la materia al Espíritu. No creas que puedes frustrar la espiritualización final de todas las cosas, pero entra naturalmente al Espíritu por medio del mejoramiento de la salud y la moral y como resultado del crecimiento espiritual” (pág. 485). Qué enfoque más tierno para nosotros, y para que lo usemos cuando instruimos a nuestros hijos hoy en día y oramos por el mundo.

 Es bastante común que aquellos que estudiamos la Ciencia Cristiana sintamos un maravilloso sentimiento de dignidad, y de que Dios nos ama, cuando aprendemos acerca de nuestra naturaleza pura y perfecta como Su imagen o reflejo perfecto. Pero al mismo tiempo, puede ser todo un desafío cuando reconocemos rasgos de carácter en nosotros mismos que no están a la altura de esta norma. Entonces, cuando nos volvemos humildes, recurrimos a Dios como hizo David, y oramos diciendo: “Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí” (Salmos 51:10).

A veces nuestro progreso moral y espiritual puede parecer lento, pero está asegurado cuando tenemos un motivo humilde y nos esforzamos sinceramente por tener una vida que sea testigo de la bondad y perfección de Dios y el hombre; y cuando hacemos esto no solo por nosotros, sino por el bien de la humanidad. Y Dios Mismo apoya nuestro progreso.

Seremos probados por las opiniones propias de la sociedad, y tentados a permitir que nuestros pensamientos y móviles caigan al nivel de identificar que los demás y nosotros mismos estamos sujetos a las limitaciones del físico. Este tipo de pensamiento limitante es lo que lleva a tener sentimientos de tristeza y frustración, y a pensamientos y comportamientos inmorales y faltos de ética, tales como la codicia en los negocios, el egotismo y la dictadura en el gobierno, y pensamientos y conductas sexuales inapropiadas en las relaciones humanas.

Se requiere de valor y persistencia para vivir las cualidades morales tales como “humanidad, honradez, afecto, compasión, esperanza, fe, mansedumbre, templanza” (Ciencia y Salud, pág. 115), que promueven nuestro progreso espiritual y el progreso de la humanidad. Encontraremos resistencia, ya sea dentro de nuestro propio pensamiento o de otras personas que todavía no han visto la naturalidad de un enfoque espiritual de la vida. Pero el Cristo —la verdad de la identidad espiritual del hombre, que Jesús vivió y demostró— está aquí para ayudarnos. Y podemos adoptar la forma como Jesús mejoró la salud y la moral de los demás. Como señala Ciencia y Salud: “La naturaleza divina fue expresada de la mejor manera en Cristo Jesús, quien proyectó sobre los mortales el reflejo más veraz de Dios y elevó sus vidas más alto de lo que sus pobres modelos-pensamiento permitían, pensamientos que presentaban al hombre como caído, enfermo, pecador y mortal” (pág. 259). Ciertamente, un noble objetivo. Pero se logra cuando nos apoyamos en el poder del Amor divino para que nos apoye y nos guíe.

Una de las lecciones que he aprendido es que tenemos que estar alertas para que la justificación propia no nos lleve a juzgar a los demás; actitud que apartará a los demás de nosotros, o los pondrá en contra de nosotros, o ambas cosas. Es necesario que la gente sienta nuestro amor incondicional, aun cuando estén muy conscientes de nuestra norma moral, la cual puede ser muy diferente de lo que ellos valoran.

La Ciencia Cristiana nos ayuda a separar todo comportamiento inmoral y falto de ética no solo de nuestros propios pensamientos y conducta, sino también de la forma como identificamos a los demás. Debemos condenar dentro de nuestro corazón todo aquello que es desemejante a Dios, y por lo tanto no forma parte de la verdadera naturaleza de ninguna persona. Y debemos hacer esto mientras amamos desinteresada e incondicionalmente, a cada persona en su verdadera identidad como el reflejo espiritual digno y perfecto de Dios.

¿Es fácil hacer esto? ¡No! ¿Es importante hacerlo? ¡Supremamente! ¿Podemos hacerlo? Sí, ¡siempre que nos apoyemos en el poder de Dios, en lugar de en la voluntad humana!

Dios, el Amor imparcial y universal, es el Principio divino del hombre, que anima todo pensamiento y acto humano progresivo. Y por medio de nuestro sincero estudio de la Biblia y de Ciencia y Salud, junto con nuestros esfuerzos diarios por vivir de acuerdo con el Principio divino, traemos más felicidad, mejores relaciones y mejor salud a nuestra propia experiencia, y para el adelanto del mundo. Esta es la forma moral de vivir y amar que la humanidad clama por tener. 

Al realizar nuestras actividades diarias, necesitaremos tomar decisiones que sean lo mejor para nuestro propio progreso y para el progreso de los demás, incluso en nuestras iglesias, lugares de trabajo, el mercado, nuestros pensamientos acerca de aquellos que ocupan puestos gubernamentales, y en todos los contactos secundarios. La Sra. Eddy dio un valioso consejo: “La sabiduría en la acción humana comienza con lo que, bajo las circunstancias, más se aproxima a lo correcto, y de ahí se llega a lo absoluto” (Escritos Misceláneos 1883-1896, pág. 288). Nuestra decisión de qué es aquello que “más se aproxima a lo correcto” será clara siempre que esté guiada por el amor infalible del Cristo, la Verdad.

Nunca es demasiado temprano o demasiado tarde como para vivir y amar de acuerdo con nuestra verdadera identidad divina. Esta forma generosa de vivir sirve para elevar la norma moral para nuestras familias y para el mundo.

Barbara Vining
Redactora en Jefe

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Alfred F. Schneider, El Heraldo de la Ciencia Cristiana, número de mayo de 1974

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