Esta historia me ayudó una noche cuando desperté con dolor en el oído. Mi mamá estaba conmigo y juntos dijimos el Padre Nuestro.
Definitivamente ahora puedo confirmar que cada curación nos permite experimentar el poder divino de Dios. ¡Aleluya!
Continué orando, estudiando y meditando todo lo que leía. Después de tres días, ya no tenía dolor. Estaba sano.
Fui a la habitación de mi abuelo y miré a izquierda y derecha. Miré en un par de sus pantalones, y vi dos billetes que juntos eran más que suficientes para llevarnos a la iglesia y volver a casa.
Fui a la casa de mi abuela y oramos juntas. Estaba segura de que la oración me ayudaría, porque yo ya sabía que Dios siempre está conmigo y me cuida.
Debido a que estaba etiquetando a mi familia como poco amorosa y desconsiderada, amarlos parecía bastante difícil. Necesitaba corregir mi forma de pensar acerca de ellos, debía verlos y amarlos como hijos de Dios.
A medida que sentía la verdad del amor de Dios que todo lo incluye, el dolor y la enfermedad fueron disminuyendo hasta que finalmente desaparecieron. ¡Estaba libre!
Llega un punto en que el pensamiento inquisitivo se vuelve de los sentidos materiales a la Mente divina y sus infinitas capacidades y el sentido material, limitado o falso de la inteligencia es absorbido por lo divino.
Estoy agradecida por la amorosa inteligencia que Dios me brindó mientras trataba de comprender y responder al mal uso de la inteligencia artificial.
No siempre fue fácil, pero con cierta constancia pude apartarme de la idea de que estaba en un espacio que necesitaba protección, al reconocimiento de que estaba en el reino del Amor divino, compartiendo este espacio con los hijos de Dios, mis hermanos y hermanas espirituales.