Podemos confiar con calma y humildad en que Dios proveerá a la humanidad con vigilancia y sabiduría oportuna para la acción correcta. Las entidades gubernamentales de todo el mundo están tomando medidas para garantizar la transparencia en el desarrollo y la aplicación de la IA.
Estoy agradecida por la amorosa inteligencia que Dios me brindó mientras trataba de comprender y responder al mal uso de la inteligencia artificial.
No siempre fue fácil, pero con cierta constancia pude apartarme de la idea de que estaba en un espacio que necesitaba protección, al reconocimiento de que estaba en el reino del Amor divino, compartiendo este espacio con los hijos de Dios, mis hermanos y hermanas espirituales.
Puesto que el universo real del hombre y las cosas es un reflejo del Espíritu y es totalmente espiritual, cualquier representación material de él es una falsificación; una imagen mantenida en creencia por la llamada mente carnal o mortal, que es en sí misma una creencia falsa.
Todos podemos decidirnos a sentir el dominio del Amor divino en nuestras vidas y experimentar el resplandor de Dios.
El estudio diario de las Lecciones Bíblicas semanales del Cuaderno Trimestral de la Ciencia Cristiana y la lectura de todos los escritos de la Sra. Eddy, así como los Heraldos mensuales, me ayudaron a comprender mejor mi relación inquebrantable y eterna con mi Padre-Madre Dios.
Me esforzaba por glorificar a Dios, y mi vida tenía un propósito mucho más allá de mis preocupaciones inmediatas. Me sentí renovado, con un sentido de esperanza y dispuesto a aceptar el bien.
Los artículos de El Heraldo de la Ciencia Cristiana, así como las ideas espirituales de otra literatura de la Ciencia Cristiana que me llegó a las manos, me ayudaron mucho a ver al hombre sin ningún defecto y a pensar en el perdón.
Lo primero que sentí que tenía que manejar fue la creencia en el envejecimiento. En la Ciencia Cristiana, se entiende que la Vida es un sinónimo de Dios. Reconocí que la Vida que es Dios es espiritual y eterna.
El Cristo es la verdadera idea de Dios y del hombre, el impulso divino y sanador que lleva nuestras oraciones de un ejercicio intelectual al percibido reconocimiento del Divino, nuestro Padre-Madre totalmente bondadoso.