
Relatos de curación
Hace algunos años, mi esposa y yo regresamos a nuestra casa una noche y encontramos que la llave de la puerta de entrada había desaparecido de mi llavero y, por consiguiente, no podíamos entrar en la casa. Decidí usar una escalera para subir al techo.
Hace muchos años encontré la Ciencia Cristiana por medio de una hermana que había sanado de asma. Mi gratitud va en aumento por haber sido guiada hasta el sendero de la verdad espiritual.
Cuando cursaba el penúltimo año de la escuela secundaria, me salió una protuberancia en un pie que me impedía caminar normalmente. Al caminar cojeaba pues sólo usaba los dedos del pie porque no podía apoyarlo completamente.
Hace varios años, cuando mi hija era bebé, se me inflamaron ambos pechos. Era muy doloroso y yo no sabía qué hacer pues estaba amamantando a la criatura.
Hace dieciséis años yo estaba muy amargada y llena de odio. Todo lo que me concernía parecía ir mal.
En 1965, antes de ser estudiante de Ciencia Cristiana, un dentista me dijo que padecía de piorrea y que perdería los dientes para cuando cumpliera los cuarenta años. Me dijo que la piorrea era incurable y me dio un medicamento para que lo tomara, y dijo que al menos retardaría la enfermedad.
Antes de conocer la Ciencia Cristiana, sufrí durante muchos años de una condición biliosa que se me presentaba ocasionalmente, y sufría también de problemas circulatorios y funcionales. Tomé gran cantidad de medicamentos, pero nada me ayudó.
“¿Qué no puede hacer Dios?” pregunta la Sra. Eddy en Ciencia y Salud (pág.
Las tareas y exámenes escolares son excelentes oportunidades para glorificar a Dios, la única Mente, y demostrar así el dominio que Dios le ha dado al hombre. Hace algún tiempo, me apareció en la cara una inflamación llamada herpes.
Durante un período difícil por los años de 1960, comencé a leer la Biblia, especialmente el Sermón del Monte de Cristo Jesús (ver Mateo 5–7). Entonces un día leí un artículo sobre la Ciencia Cristiana en una publicación semanal.